lunes, 15 de diciembre de 2008

Sobre Dios y lo divino de la realidad.

En varias clases, tanto de 1º como de 2º, hemos discutido sobre el tema de Dios y su existencia. Para alimentar más esa discusión, aquí tenéis un texto del escritor español José Antonio Marina que da mucho que pensar.

“¿Qué pienso realmente del contenido de la religión?¿Qué pienso, por ejemplo, de Dios? No he experimentado ninguna iluminación especial, por lo que hablo de oídas y leídas. En “Dictamen sobre Dios” mantuve que la filosofía sólo podía llegar a afirmar una dimensión divina de la realidad, pero que no podía decir nada sobre Dios. Me veo forzado a admitir esa dimensión divina porque “la realidad” considerada en bloque, totalmente, tiene algunos de los predicados que tradicionalmente se atribuyen a Dios. Ha de ser autosuficiente, porque cualquier ser del que dependiera habría de ser también real. Ha de ser eterna, porque ¿de quién iba a proceder su existencia que no fuera también un ser real? Ha de ser ilimitada, porque “la nada” no puede limitar. La realidad es el “sí” absoluto y esto, curiosamente, es lo que dice San Pablo de Dios.
Pero como filósofo no puedo ir más allá. No sé si una parte de la realidad es origen, por creación o emanación, del resto de la realidad que sería el cosmos material. No tengo ni idea de cómo puede explicarse la existencia de la realidad. Por eso el fenómeno del “existir” me parece el gran fundamento de lo religioso. La existencia es el gran misterio, y en ella hago residir la dimensión divina de la realidad (...).
Esta dimensión divina de la realidad tiene un vocero, un anunciador: el ser humano. Sin él no habría Dios. Habría una realidad última, el absoluto, la dimensión divina de la realidad, pero no Dios. Dios es el modo como la conciencia humana –algunas conciencias humanas- profieren, expresan, conceptualizan esa realidad misteriosa que nos mantiene en el ser y nos impulsa. Ésta fue, creo yo, la gran intuición de Tomás de Aquino, que mantuvo que el hombre participaba de la existencia –del esse- divino, o de los Padres de la Iglesia griega, que insistieron en la deificación del ser humano, o del maestro Eckhart, que señalaba “Dios nace en mi alma” ”.


Con este texto podemos continuar la discusión.

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