lunes, 11 de agosto de 2008

Sembrando vientos y recogiendo tempestades. Una frase en aymara.

Hace unos días propuse la siguiente frase en aymara para traducir:
Janiw jaqi masisar jachayañati. Kunas aynikiw siwa.

Dos profesores bolivianos, Richar y Hernan, nos enviaron esta traducción:
"No hay que hacer llorar a la gente porque lo mismo vas a cosechar".

Damos la enhorabuena a Dani y a Chechu por las dos traducciones que nos han enviado:
"No ser (una persona/un ser humano) hará llorar a tus amigos. ¿Esa es la reciprocidad que quieres tener con ellos?" (Dani).
"No hay que hacer llorar a nuestro prójimo, Todo tiene su pago./ Todo tiene su retorno." (Chechu).

La frase expresa la concepción que el aymara tiene del Universo, compuesto por tres realidades: el alax pacha (lo que está más allá de la naturaleza humana), el aka pacha (el mundo natural y sus elementos) y el manqha pacha (lo interior, lo profundo). Las tres conforman una unidad en la que cada realidad afecta a las demás. Por lo tanto, todo está relacionado con todo. No hay acción humana que no tenga su respuesta.
Dicho de otro modo. ¿Puede alguien sembrar vientos sin acabar recogiendo tempestades? Para el aymara no.
P.D: Dani, Chechu, buscadme en Septiembre para entregaros el premio. Felicidades.

viernes, 8 de agosto de 2008

Coroico, los Yungas y la carretera de la muerte.

Ayer llegamos a la Paz después de pasar dos días cerca de Coroico. El viaje es impresionante. Dejas la ciudad del altiplano y asciendes hasta la Cumbre, un paso de 4700 metros rodeado de picos que superan los 5000. Una vez allí desciendes hasta unos 1400 metros en apenas una hora, dejando atrás el frío de La Paz y entrando en un territorio de clima subtropical, Los Yungas. Adiós a los abrigos, las bufandas y los guantes. La tierra reverdece y estalla en un vergel de plantas y animales.
La antigua carretera de los Yungas es conocida como la carretera de la muerte. ¿Por qué la llaman así? Fíjate en la fotografía. La pista tiene un solo carril pero hay circulación en los dos sentidos. Cuando los autobuses (“movilidades”) se cruzan, uno tiene que retroceder acercándose a la pared mientras el otro bordea el precipicio quedando suspendido sobre tres ruedas. Los despeñamientos eran constantes. Nosotros pudimos hacer el viaje por una nueva pista que, según me cuentan, apenas tendrá uno o dos años de antigüedad, mucho más segura. Han tardado más de una década en construirla.
Tal vez esto te haga decir: ¡claro, es un país en desarrollo, no como el nuestro!. Muy bien, pero detente y pensemos un momento. Desde luego, España y Bolivia son países muy, muy diferentes, pero en este tema tenemos que recordar algo terrible: las estadísticas de accidentes en carretera que cada semana escuchamos en los informativos. Y allí no hay excusa por falta de desarrollo. ¿Dónde está realmente la carretera de la muerte? Tal vez la tienes más cerca de lo que crees, sin que sea necesario viajar a Bolivia.