Ortega, el abismo y la sonrisa.

Repasando algunos textos de Ortega para la PAU me encuentro de repente con uno que me hace saltar en el asiento: “¡éste es!” -me digo- ,“¡aquí está!”.
He escuchado muchas veces a profesores amigos expresar sus objeciones a la obra de Ortega y no sin razón. Yo comparto algunas de ellas, pero cuando regreso a sus escritos siempre me encuentro con algún texto en el cual, por debajo de la retórica modernista o de cierto elitismo, encontramos una alegría de vivir, un humor y una sonrisa regalada a la existencia, que nos hace brincar el corazón. Por eso le estaremos siempre agradecidos. Uno de esos textos es el siguiente:

“El vocablo “vivir” no hace sino aproximarnos al sencillo abismo, al abismo sin frases, sin patéticos anuncios que enmascarado se oculta bajo él. Es preciso que con algún valor pongamos el pie en él aunque sepamos que nos espera una grave inmersión en profundidades pavorosas. Hay abismos benéficos que de puro ser insondables nos devuelven al sobrehaz de la existencia restaurados, robustecidos, iluminados. Hay hechos fundamentales con los que conviene de cuando en cuando enfrontarse y tomar contacto, precisamente porque son abismáticos, precisamente porque en ellos nos perdemos. Jesús lo decía divinamente: “Sólo el que se pierde se encontrará”. Ahora, si ustedes me acompañan con un esfuerzo de atención, vamos a perdernos un rato. Vamos a sumergirnos, buzos de nuestra propia existencia, para tornar luego a la superficie, como el pescador de Coromandel que vuelve del fondo del mar con la perla entre los dientes, por lo tanto, sonriendo” (“¿Qué es filosofía?”, lección X).

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