miércoles, 1 de julio de 2009

La vida como proceso de demolición.

¿Tiene razón Scott Fitzgerald cuando escribe que la vida es un lento proceso de demolición? Si está en lo cierto me pregunto de dónde procede esa serenidad, equilibrio y sabiduría que poseen algunas personas de edad avanzada (pocas desde luego), con las que puedes tener la suerte de encontrarte en alguna ocasión. Su número es escaso porque la tarea de vivir con provecho no es fácil, y suelen ser anónimas, pero nos regalan su presente, un presente que dice sí a su vida, y con ella a la de los demás.

¿Tiene razón Scott Fitzgerald? ¿Es la vida un lento proceso de demolición? Tal vez, pero ¡qué belleza es la que exhalan algunas ruinas antiguas de las que apenas nos quedan restos! En Atenas, en Mérida, en tantos lugares. Ellas revelan un raro equilibrio respecto al pasado, al presente y al futuro, y llegan así hasta nosotros.

Fitzgerald tiene razón. Pero añadamos algo. Hay vidas de cuyos escombros algo renace. De sus restos se eleva algo que perdura y rebrota aquí y allá en forma de aliento, de insinuación, de pregunta o de promesa. Si nuestras vidas terminan como los restos de un naufragio tras la tormenta, desperdigados en la arena de una playa sin nombre, entre esos restos podemos encontrar tesoros. Fijémonos en ellos y no sólo en el desastre.

Ya lo hicimos cuando murió el músico Antonio Vega. Su obra guarda infinidad de esos tesoros y también fue deshaciendo su vida poco a poco. En estos días los medios de comunicación no dejan de hablar de cierto artista, brillante y lleno de talento, cuya vida parece haber sido “un lento proceso de demolición”. Si Fitzgerald tiene razón, la aventura o desventura de ese personaje infantil y desesperado es más común de lo que creemos. Pues bien, busquemos entre los escombros de esa vida algo que no sea una caricatura ni un desastre. Algo que sea ritmo, sonrisa y afirmación. Rescatemos un video “antiguo”, de 1979. Tal vez baste con él, recordando con Chateaubriand que “al avanzar en la vida, dejamos tres o cuatro imágenes de nosotros mismos, diferentes entre sí; las vemos a través de la niebla del pasado, como retratos de nuestras diversas edades".

8 comentarios:

Ana dijo...

Hola José,
He estado leyendo algunas de tus reflexiones en este blog, entre ellas esta última publicación, y reconozco que me han resultado amenas e interesantes.
Es por elllo por lo que me he permitido enlazar tu blog a GNOSS, una web semántica en beta privada que cuenta (entre otras) con tres comunidades digitales educativas -gratuitas y públicas- ( La otra escuela,Didactalia y La otra escuela) y algunos incipientes blogs. En concreto lo he subido (el enlace url) a las comunidades La otra escuela y FORMA).
Es nuestra forma particular de agradecerte y “reconocer” el gran esfuerzo y dedicación que implica mantener un espacio personal digital con contenidos de calidad. Gracias por compartir en la red tu conocimiento y, en general, tu visión acerca de la educación y la vida.
Ana

Anónimo dijo...

Tu comentario me recuerda al libro de Kundera: "La inmortalidad." Bettina y Goethe en su eterna lucha, y Ernest Hemingway loco por evitar su inmortalidad, la cual sin querer deja en nuestros corazones.

Anónimo dijo...

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http://www.taringa.net/posts/ebooks-tutoriales/2049936/Algunas-Obras-De-Milan-Kundera.html

José dijo...

Gracias a Ana por su amabilidad. Entraremos en Gnoss para conocer sus contenidos y su proyecto.

Y sobre el libro de Milán Kundera, me lo encuentro aquí:
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José dijo...

Estoy en medio de un campamento urbano, Cuando termineme leeré el libro de Kundera...

Anónimo dijo...

Es realmente bueno, ya verás. Dani

Anónimo dijo...

Fitzgerald tiene razón, la vida es un lento proceso de demolición, porque al final te acabas muriendo...

José dijo...

NO voy a negar la gravedad que tiene el asunto de morirse, pero pienso que es algo más misterioso de lo que parece. Creemos saber en qué consiste, pero en realidad, no tenemos idea alguna.