miércoles, 24 de marzo de 2010

La gata Muffin y el poder de las palabras.

"Cuando Pheen tenía nueve años, su padre ahogó a su gata. Al parecer, Muffin se había subido a la mesa y había lamido la mantequera. Eso fue suficiente para el horrible padre de Pheen; metió a Muffin en una bolsa de lona, le añadió algunas piedras, ató la bolsa y la tiró al mar. Después se encontró con Pheen que iba andando de la escuela a casa, le dijo lo que había hecho y buen viaje. Se fue a la taberna y dejó a la niña sentada justo en el centro del camino, llorando a lágrima viva.Casi la atropella un carruaje que iba demasiado deprisa. El cochero salió del asiento y empezó a maldecirla, pero su pasajero, un hombre muy alto, con un abrigo negro con el cuello de piel de animal, bajó. Le dijo al conductor que se callara, se inclinó hacia Pheen y le preguntó si la podía ayudar.
La niña dijo que no, que nadie la podía ayudar. ¡Su gata ya no estaba! Su papá había ahogado a Muffin y ahora Muffin estaba muerta y se había ido para siempre.
El hombre dijo: “Claro que Muffin no está muerta. Tú no sabes que los gatos tienen siete vidas ¿verdad?”. Cuando Pheen dijo que sí, que eso ya lo había oído antes, el hombre dijo: “Bueno, me he enterado de que Muffin estaba solo en la tercera vida, así que todavía le quedan cuatro”.
Pheen le preguntó cómo lo sabía. Dijo que simplemente lo sabía, siempre lo sabía, había nacido con ese don. No sabía cómo ni porqué pasaba, pero a menudo los gatos se le aparecían en la mente y hablaban con él. Bueno, no con palabras, claro, sino en imágenes.
Entonces se sentó en el camino a su lado y le dijo que no se movieran, que se quedaran muy quietos. Vería si Muffin quería visitarle. Se quedaron allí sentados durante unos minutos, cuando de repente, ¡el hombre la cogió fuerte de la mano!
“¡Ah, sí! ¡Ahí está! Está naciendo en este mismo momento! En una mansión..., no, en un castillo. Creo que está en Francia..., sí, está en Francia. Hay un niño haciéndole mimos, acariciándole el pelo. Él ya la quiere, y va a llamarla, qué raro, va a llamarla Solange. Es un nombre extraño para un gato, pero bueno. Va a vivir una vida larga y llena de aventuras maravillosas. Esta Solange tiene mucho coraje y gran decisión, ¡y tanto!”.
La niña estaba tan embelesada con el nuevo destino de Muffin, que dejó de llorar. Pero le dijo al hombre que la seguiría echando muchísimo de menos. El hombre la ayudó a ponerse en pie y le dijo que por supuesto que lo haría, que lloraría la pérdida de una gata tan estupenda como había sido Muffin y que estaría triste por un tiempo.
Sin embargo, dijo que pasaría a visitar a Solange de vez en cuando para ver cómo le iba y qué estaba haciendo. Le preguntó a la niña cómo se llamaba y cuál era el nombre de la granja donde vivía. Se lo anotó en una libreta pequeña con un lápiz plateado, le dijo que tendría noticias suyas, le besó la mano, volvió al carruaje y se fue.
La niña recibió cartas, ocho largas cartas durante un año. Todas sobre la vida de Muffin como la gata francesa Solange. Al parecer, era un tipo de mosquetera felina. No era una gata nada perezosa, apoltronada sobre cojines, que bebía leche a lengüetazos, sino que vivía una aventura tras otra. Fue el único gato al que le concedieron el rosetón Rojo de la Legión de Honor.
El autor había firmado las cartas con gran elegancia del siguiente modo:
                                  Muy sinceramente suyo,
                                       O.F.O´F. W.W."

¿Sabes a quién corresponden esas iniciales?

-Adaptado de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

-Gato tatuado de Carlos C. Laínez.

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