sábado, 6 de marzo de 2010

Ser capaces de crear un mundo a la altura de sus niños.

3 de Agosto de 2005. Escribo esto en el diario boliviano: "Si fuera un buscador de pepitas de oro y este viaje fuera el río en el que las busco, habría encontrado por lo menos dos. Una pepita sería la confirmación de lo que una gran amiga me escribía el otro día: recuerda que lo que no se da, se pierde. Y la otra ... serían los niños. Entre escombros y casas oscuras los ves jugando con cualquier cosa. Saltan por encima de charcos de agua sucia como si fueran el Océano y ellos pequeños titanes en busca de aventuras. Ríen con una fuerza y una alegría tan luminosa que deslumbra los ojos. Buscan maravillas detrás de cada puerta, debajo de cada falda, o en cada mano que se les tiende y gritan como locos cuando la encuentran. Les das una sonrisa y te devuelven mil. Una tarea para los adultos: ser capaces de crear un mundo que esté a la altura de sus niños".

6 de Marzo de 2009. Comienzo a preparar un nuevo viaje a Bolivia.

2 comentarios:

Marisa dijo...

Difícil veo lo de crear un mundo a la altura de los niños... Difícil en un mundo en el que el poder y el dinero pasan por encima de los derechos humanos con demasiada facicidad.
Cierto es que a un niño le demuestras cariño y te lo devuelve multiplicado por 100.
A mi personalmente, me maravilla ver terribles escenas de destrucción (tan comunes ya que a veces ni nos conmueven) y ver una pequeña personita jugando entre escombros, como si su miseria, su terror fuera algo ajeno... Da que pensar...

José dijo...

La escena que describes también me impresiona y me ha heho recordar algo que leí hace mucho tiempo en "Sobre héroes y tumbas", de Sábato. Encuentro el texto en un blog titulado "Palabras del instante". Dice así:

“el hombre no está sólo hecho de desesperación sino de fe y de esperanza; no sólo de muerte sino también de anhelo de vida; tampoco únicamente de soledad sino de momentos de comunión y de amor. Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede. Lo que demostraba, a su juicio, la poca importancia de la razón, ya que no es razonable mantener esperanzas en este mundo en que vivimos. Nuestra razón, nuestra inteligencia, constantemente nos están probando que ese mundo es atroz, motivo por el cual la razón es aniquiladora y conduce al escepticismo, al cinismo y finalmente a la aniquilación. Pero, por suerte, el hombre no es casi nunca un ser razonable, y por eso la esperanza renace una y otra vez en medio de las calamidades”.

Lo único que no comparto del texto es la idea de que la razón se opone a la esperanza. Le sucederá a cierto tipo de razón. Por lo demás, pienso que en nuestra infancia, pero también después, hemos visto y podemos volver a ver algo que está más allá de las calamidades y que nos permite vivir.

¿Qué será eso que vimos, vemos y veremos, excepto en días sombríos que lo ocultan, como las nubes al sol...?