miércoles, 21 de julio de 2010

La Pachamama (en memoria de Vicente Traver y Ann Margaret Sharp).

En estos días convivo con personas para las que la Pachamama no es una ficción inventada por la imaginación de los hombres, sino una realidad. Pero ¿qué es la Pachamama? Escuchemos a Eduardo Galeano:

"En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo. Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama. A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores, para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados. La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde debajo de la tierra, los muertos la florecen".

Pachamama, ámbito sagrado más allá del cual no hay nada, apertura en la que para que algo viva, algo ha de ser enterrado y el morir no es sino un aspecto del brotar de la presencia... 

De la tierra de la que vengo, sin embargo, muchos (no todos) enseñan la historia triste de que la vida y la muerte son dos realidades opuestas, siendo la segunda destrucción y aniquilación de la primera. ¿Cómo será vivir cuando la vida no se opone a la muerte, sino que consiste en un florecer de esa tierra que alberga en su seno a los ausentes? Y ¿cómo se vivirá el paso del tiempo, cuando la vida es un florecer del pasado en lo que tiene de semilla y porvenir?

(En memoria de Vicente Traver y Ann Margaret Sharp, semillas de futuros desconocidos).

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