lunes, 30 de agosto de 2010

Yanko y el paso del tiempo.

Estoy muy lejos de casa, a miles de kilómetros, cuando comienzo a escribir esta nota. Me llega la noticia a través de una llamada telefónica de que Yanko, el husky siberiano de mi familia, Yanko mismo, “ya no está”. No pudo aguantar más su larga enfermedad y para evitarle más dolor, se le sacrificó. Me extraña la idea de no verlo más, ni escuchar sus ladridos, ni jugar con él. Han sido catorce años en los que Yanko nos ha dado a todos su compañía. La vida de mis padres, ya jubilados, giraba en estos últimos años en torno a él. Sus días se organizaban según el horario de sus numerosas salidas: por la mañana temprano, al mediodía, por la tarde o incluso una vez más, ya de noche, llegaba el momento de sacarlo a dar su paseo. Y durante el paseo, llegaba también el ritual de las paradas, los caminos, los saludos con los vecinos, las charlas ocasionales con los transeúntes. Esos rituales eran siempre fuente de alegría, de orden, de sentido, a pesar de la pereza que a veces daba realizarlos, o de las peleas con otros perros, o de aventuras incómodas como la del rebaño de ovejas que Yanko se empeñó en perseguir y rodear, ante la furia del pastor.

Yanko nos regaló durante catorce años su compañía, pero ese tiempo ya pasó. El largo presente de su infancia de cachorro, de su juventud llena de ímpetu, de su majestuosa madurez y de su vejez débil y tierna ha pasado ya, y ha dado paso a otra cosa, a algo distinto que llena la casa donde vivía y los caminos que recorría, y que es, por ahora y durante un tiempo, silencio. El tiempo de su presente ha dado paso a algo distinto. El tiempo ha pasado. El tiempo pasó.

Pero si es cierto que Yanko nos ha dado durante tantos años su compañía, también es cierto que ahora, en este mismo instante, sigue dándonos algo tan valioso como aquello, y tan real. Aquí y ahora, cuando todo ese tiempo ha pasado, nos está dando que pensar. Nos da que pensar, generoso como es, sobre el pasar del tiempo. Pues cuando por teléfono te dan la noticia y después de unas palabras cuelgas en silencio y te vas a caminar, lo que ha sucedido es que el tiempo ha pasado, irremediablemente, por más que tú no quieras, dando lugar a algo distinto. Y te quedas ahí, pasmado, preguntándote qué ha ocurrido, en qué consiste eso que sucede y que no es otra cosa que el pasar del tiempo.

Ése es el regalo que aquí y ahora Yanko nos está dando. Nos da que pensar por el tiempo y su paso. Sólo nos queda ser fieles a ese regalo, no darle la espalda e intentar, en la medida de lo posible, descubrir su contenido. Por eso nos hacemos esta pregunta ¿En qué consiste el pasar del tiempo? (Continuará).

miércoles, 25 de agosto de 2010

Viajero en tu propia tierra.

Es fácil sentirse viajero cuando sales de tu país y caminas por un lugar lejano. Pero el momento del regreso encierra una posibilidad nueva. ¿Te atreverás a seguir viajando en tu propia tierra? ¿Serás capaz de verla en lo que tiene de única, extraña y singular? Porque ella también guarda misterios y es tan extranjera como aquella tierra de la que regresas.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Unas frases en aymara

Caminando por la calle Comercio, en La Paz, me encuentro con un gran cartel anunciando el próximo concierto de un grupo de música folclórica, y en el cartel, las siguientes frases en aymara:

-aruskipasipxañanakasakipunirakispawa

-jichhapi jichhanexa

Tal como hicimos en un anterior viaje, puedes enviarnos una traducción de estas frases y recibirás en Septiembre un recuerdo traído desde tierras bolivianas.

Fecha límite: 27 de Agosto.

jueves, 12 de agosto de 2010

Ludoteca en Bolivia con “Lápices para la Paz”.

En estos días hemos terminado dos ludotecas en las ciudades de la Paz y El Alto. En ellas repartimos meriendas, juguetes y, con la colaboración de “Lápices para la Paz”, decenas de lápices para la escuela. La cuestión era: ¿cómo crear ludotecas en poco tiempo, con pocos recursos, pero con eficacia? Colaborando con los educadores bolivianos del siguiente modo:

1) Divides una sala en cinco espacios diferentes. En el primer espacio colocas un cartel con el nombre del primer juego: “Los pescaditos”. Recortas la silueta de peces de colores y les pegas un clip doblado en “ele” para poder ser “pescados”por los jugadores. Para las cañas, atas a un lápiz un hilo o lana y en su extremo pones un clip abierto para poder enganchar el pescado. En cada pez has escrito previamente un sujeto, un verbo o un predicado. Los participantes han de pescar lo suficiente para poder crear una frase bien construida.


2) En el segundo espacio colocas el cartel del siguiente juego: “Cuentacuentos”. Un educador contará un cuento a los niños, haciéndoles luego preguntas para trabajar la comprensión del relato.


3) En el tercer espacio colocas el cartel “Origami” (o "Papiroflexia") . Un monitor enseña a los niños a construir figuras de papel.


  4) En el cuarto espacio colocas el cartel de “La lucha del Sumo”. Dibujas en el suelo un círculo grande (con tiza o cinta adhesiva). Los participantes colocan sus manos sobre las rodillas, alzan sus piernas alternativamente tres veces y luego intentan echar fuera del círculo a su oponente sin golpearlo.


5) En el quinto espacio colocas el cartel de “Los lápices chinos”. El monitor sostiene un montón de lápices en vertical sobre la mesa y los suelta. Los participantes han de ir retirándolos uno a uno sin que se muevan los demás.


-Cada juego ha de tener su monitor responsable. Cuando un participante termina un juego, el monitor escribe en una pulsera de cartulina (que previamente se ha repartido) el número del juego realizado. Al menos un monitor ha de encargarse de que los niños no se acumulen en un solo juego para que vayan rotando.

-Y para terminar, la merienda y un saludo:

viernes, 6 de agosto de 2010

Diferencia entre el turista y el viajero (según Paul Bowles).

¿Cuál es la diferencia entre el turista y el viajero? Paul Bowles, en su novela El cielo protector, escribe:
"Entre el turista y el viajero la primera diferencia reside en parte en el tiempo. Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra (yo añadiría y de su alma). El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla y el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan”.

Ahora, transformemos el texto en un espejo para saber si te desplazas por la vida y por tu alma como un turista o como un viajero...