viernes, 26 de noviembre de 2010

domingo, 21 de noviembre de 2010

Juegos y lógica:el barbero Hans.

El barbero Hans y dos amigos.
En un lejano poblado de los Alpes suizos había un barbero llamado Hans, diestro en afeitar cabezas y barbas, un verdadero maestro en todas las artes de su oficio. Un día el gobernador se dio cuenta de la falta de barberos en la región y publicó una orden por la cual los barberos sólo afeitarían a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. El problema era el siguiente. ¿quíén podía afeitar al barbero Hans?

(Problema basado en la paradoja de Russell).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Nacimiento eterno.

Muerte de Séneca (Luca Giordano).
"La muerte de un individuo es la transformación de su organismo viviente en cadaver, en sus "restos mortales". Pero el fallecimiento de la persona no deja restos mortales: no hay "cadáveres de personas". Las personas, tras su fallecimiento, pueden seguir actuando, incluso con mayor fuerza (para su gloria o para su escarnio) en los sucesores, a través de sus obras, de sus partituras o de sus libros. Tras su fallecimiento las personas pueden seguir ganando batallas, como el Cid, o perdiéndolas. En este sentido podríamos tomar literalmente las palabras de Séneca en las que nos dice, dos mil años después de su fallecimiento, que no hay que temer el día de la muerte, si es que este es el momento de un nacimiento eterno: Dies iste, quem tanquam extremum reformidas, aeterni natalis est" (Gustavo Bueno, El sentido de la vida).

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El mundo según Nietzsche.

"Y ¿sabéis qué es para el mundo? ¿Tendré que mostrároslo en mi espejo? Este mundo: una inmensidad de fuerza, sin comienzo y sin fin, una magnitud fija y broncínea de fuerza que no se hace más grande ni más pequeña, que no se consume, sino que sólo se transforma, de magnitud invariable en su totalidad, una economía sin gastos ni pérdidas, pero también sin aumento, sin ganancias, circundado por la nada como por su límite; no es una cosa que se desvanezca ni que se gaste, no es infinitamente extenso, sino que como fuerza determinada ocupa un determinado espacio, y no un espacio que esté "vacío" en algún lugar, sino que más bien, como fuerza, está en todas partes, como juego de fuerzas y ondas de fuerza; que es a la vez uno y múltiple; que se acumula aquí y a la vez se encoje allá; un mar de fuerzas que fluyen y se agitan a sí mismas, un mundo que se transforma eternamente, que retorna eternamente, con infinitos años de retorno; un mundo con un flujo y reflujo de sus formas, que se desarrollan desde la más simple a la más compleja; un mundo que de lo más tranquilo, frío y rígido pasa a lo más ardiente, salvaje y contradictorio, y que luego de la abundancia retorna a la sencillez, que del juego de las contradicciones retorna al placer de la armonía, que se afirma a sí mismo aún en esta uniformidad de sus causes y de sus años y se bendice a sí mismo como algo que debe retornar eternamente, como un devenir que no conoce ni la saciedad ni el disgusto ni el cansancio: este mundo mío dionisíaco, que se crea a sí mismo eternamente y eternamente se destruye, este mundo misterioso de las voluptuosidades dobles; este mi "más allá del bien y del mal", sin finalidad, a no ser que la haya en la felicidad del círculo, sin voluntad a no ser que un anillo tenga buena voluntad para sí mismo. ¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos sus enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impávidos, los de media noche? Este mundo es la voluntad de poder y nada más, y también vosotros mismo sois esta voluntad de poder, y nada más” (fragmento de La voluntad de poder).

sábado, 6 de noviembre de 2010

Juegos y lógica: los canarios y las jaulas.

Durante la tarde de ayer escuché en un programa de radio el siguiente juego. Tienes diez canarios y tres jaulas para guardarlos a todos. La cuestión es la siguiente: ¿cuántos canarios hay que colocar en cada jaula para tener en cada una de ellas un número impar de canarios? Por supuesto, no te pueden sobrar ni faltar ninguno...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Las etapas de la vida.

Solemos entender nuestra vida como una sucesión de etapas que se siguen las unas a las otras. Al nacimiento le sigue la infancia, a ésta la juventud y tras ella llegan la madurez y la vejez. Sin embargo, nuestra vida no sólo es sucesión, porque en cada una de sus etapas cierto tema vuelve a ser de nuevo planteado, ocurriendo que cada etapa se singulariza y diferencia de las demás por el modo de afrontar y responder a ese mismo tema, con sus desafíos y sus retos. Con su replanteamiento, ese tema va adquiriendo determinaciones propias que revelan su riqueza inagotable. En este sentido, nuestra vida no es sólo sucesión de las etapas que la constituyen (infancia, juventud, madurez, vejez), sino variación de un cierto tema que renace en cada una de ellas, insistiendo en ser y revelando en cada variación nuevos aspectos y determinaciones.

¿Podríamos indicar en qué consiste ese tema que vuelve una y otra vez en cada una de las etapas de la vida, ofreciéndo la posibilidad de una determinación propia? De modo tentativo querríamos nombrarlo con la expresión "ir naciendo". Cada etapa de la vida en su diferencia afrontaría a su modo el mismo y singular fenómeno del ir naciendo. Ahora bien ¿qué podemos entender por tal fenómeno? De modo muy general  consiste en el distinguirse algo de otra cosa con la cual sigue manteniendo una relación. A la luz de esta consideración podemos recorrer brevemente las etapas de la vida, no atendiendo sólo a su sucesión, sino a la diversa respuesta que en cada una de ellas se da al único y mismo fenómeno que insiste en su variación: el ir naciendo.

Y así, habiendo de nacer, el aún no nacido deja el mundo en el que estaba, oscuro y plácido, para nacer al otro, al mundo de su infancia, y a ese ir naciendo el niño responde con el juego. El infante juega, y jugando, un día, en su ir naciendo deja el mundo de la infancia para nacer al de la juventud. Juventud como lejanía de la niñez y extrañeza, pero también afán de exploración y de aventura. El joven explora, se aventura. Y jugando, explorando y aventurándose, un día su ir naciendo le lleva a la madurez. El adulto responde a ella con la creación. Es el tiempo de las obras, los proyectos, los empeños. Es el cuadro, la escultura, la novela, la casa, la profesión, el hijo. Pero el ir naciendo insiste en ser. El adulto juega, explora y se aventura, crea. Y un día, jugando, explorando, aventurándose y creando, sigue naciendo y lo hace a la vejez. Atrás van quedando poco a poco las obras y los proyectos. Y el anciano responde a su ir naciendo, tal vez, con un cierto saber acerca de su propia identidad, acerca de quién es aquel que va naciendo, mientras el ir naciendo le lleva en volandas hacia un enigma al que muchos llaman "morir". Pero ¿qué significará morir, cuando el ir naciendo renace de sí mismo en cada etapa de la vida? Y ¿qué significará el fin de algo que tiene en sí mismo su propio término? El fin o el morir, el no saber a dónde uno va, el advertir que nadie lo sabe, el saber que ser muriente es un ir sin saber hacia dónde, como el niño que va naciendo de las entrañas de la madre, como el anciano  que, convertido en semilla de sí mismo, se lanza hacia un nacimiento eterno...