jueves, 9 de junio de 2011

La ola

¿Los regímenes totalitarios son cosa del pasado? ¿Quedaron para siempre  en el siglo XX? ¿Cuál fue su atractivo para que tantos los apoyaran? Tal vez estuvo relacionado con esto: desde la fragilidad, sentirse formar parte de algo mayor que uno mismo, sentir que uno, como individuo separado del resto de los seres, sin embargo pertenece a algo vivo, pleno, poderoso, capaz de dar sentido a lo que se propone, capaz de lograr sus objetivos. Sentirse formar parte, pertenecer y ser uno con algo verdaderamente real. Experimentar que todas las dudas, las inquietudes, las debilidades, las limitaciones, desaparecen porque uno es parte de algo mayor que uno mismo y que comparte contigo su poder. Pero ¿a qué precio?

Esta experiencia goza hoy de un atractivo fascinador. Ese atractivo no queda reducido al pasado. No pertenece a una época pretérita en la que Europa se vio fascinada por los totalitarismos. Es un constitutivo de la experiencia que podemos hacer de nosotros mismos. Fascinación por el poder, por lo absoluto, por la realización sin fisuras de los deseos, por elevarse sobre los propios límites y saborear la omnipotencia. Escapar de la condición finita impulsados por el miedo a la libertad y así huir de la vida y su recreación. Como el canto de las sirenas, el canto de lo infinito resuena siempre en nuestros oidos y puede aparecer en cualquier dimensión de nuestra vida.

La película "La ola", dirigida en 2008 por Dennis Gansel, muestra el atractivo que ese deseo posee hoy en un grupo de alumnos de instituto, pero también en su profesor, y nos cuenta hacia dónde puede conducirnos  y cómo van respondiendo a él diversos personajes. La tentación del absoluto es humana, demasiado humana. Tal vez nuestra humanidad se juega ahí, en la respuesta que somos capaces de dar a esa solicitud. Porque estrellarse entre las rocas al pie de las sirenas parece  poseer un indudable atractivo. Sin embargo afirmar ese deseo  tiene como resultado la aparición de lo inhumano, una posibilidad reservada sólo a los seres humanos. Esta posibilidad consiste en convertir lo real en un infierno, es decir, en un espacio sin horizontes ni diferencias en el que lo otro es aniquilado. Soportar su solicitud, equilibrar ese desvarío y cultivar el lugar en el que vivimos más allá de todo sueño de omnipotencia tiene como resultado la aparición de lo humano. ¿Seremos capaces de llegar a ser los seres humanos que sin embargo ya somos?

4 comentarios:

Human dijo...

Por los fragmentos que pusieron el año pasado me entraron ganas de ver esta peli.

pabloriver88 dijo...

Vi la película en el cine cuando la estrenaron y es alucinante. Lo más impactante es que está basada en hechos reales.

Lexa dijo...

Increible, sin palabras. Yo la vi en casa y realmente merece la pena

José dijo...

La utilizamos desde hace varios años en cursos de ética y ciudadanía. No tiene desperdicio.