martes, 15 de noviembre de 2011

El nacimiento del yo.

"Y entonces le ocurrió a Emily un hecho de considerable importancia. Repentinamente se dio cuenta de quién era ella misma. Hay pocas razones para suponer el por qué ello no le ocurrió cinco años antes o, aun, cinco años después, y no hay ninguna que explique el por qué debía ocurrir justamente esa tarde. Ella había estado jugando "a la casa" en un rincón, en la proa, cerca del cabestrante (en el cual había colgado un garfio a manera de aldaba) y, ya cansada del juego, se paseaba casi sin objeto, hacia popa, pensando vagamente en ciertas abejas y en una reina de las hadas, cuando de pronto una idea cruzó por su mente como un relámpago: que ella era ella. Se detuvo de golpe y comenzó a observar toda su persona en la medida en que caía bajo el alcance de su vista. No era mucho lo que veía, excepto una perspectiva limitada de la parte delantera de su vestido, y sus manos, cuando las levantó para mirarlas; pero era lo suficiente para que ella se formara una idea del pequeño cuerpo que, de pronto, se le había aparecido como suyo.

Comenzó a reirse en un tono burlesco. "Bien -pensó realmente- imagínate, precisamente tú, entre tanta gente, ir y dejarse agarrar así; ahora ya no puedes salir de ello, en mucho tiempo: tendrás que ir hasta el fin, ser una chica, crecer y llegar a vieja, antes de librarte de esta extravagancia!".

R. Hughes. A High Wind in Jamaica.

2 comentarios:

pabloriver88 dijo...

Ser consciente de que uno es uno mismo es una sensación muy, muy extraña. Me ha gustado muchísimo el texto, porque en cierta medida me he sentido algo identificado.
Quizá no sea lo mismo, pero antes, hace años, a menudo pensaba un momento simplemente: "soy yo". Y sin duda, cuando lograba concentrarme en ello, experimentaba una sensación rara, incluso que me producía miedo. Pero unos segundos después se olvidaba y la vida continuaba igual. De hecho recuerdo que cuando era pequeño, una vez se lo conté a mi madre. Pero no le dió mucha importancia. Pensé que era cosa mía, pero no del mundo de los adultos. Y quizá tenga razón. Porque hace mucho tiempo que no logro concentrarme bien en ello y experimentar esa sensación que te golpea la mente tan fuerte. Quizá nuestra vida ocupada, racional y sin esa chispa infantil, nos aleje de ello. Y eso , tal vez, no sea para nada un progreso.

José dijo...

Según parece, encontrarse con uno mismo es encontrarse con un desconocido. De ahí la sorpresa y el asombro. Aunque disminuye la intensidad del encuentro a medida que vivimos, nunca desaparece del todo, sino que se transforma y varía...