jueves, 28 de abril de 2011

"El resplandor" de Stanley Kubrick.

Jack Nicholson en "El resplandor"
"El resplandor" es una película inquietante, terrorífica, extraña, ambigua, dirigida por Stanley Kubrick en 1980 y basada en una novela de Stephen King .  Obra fascinante y llena de sugerencias, como el resto de su obra. Esta obra nos muestra personajes sumergidos en una situación singular, determinada por estructuras de dominación a las que van a responder mediante un camino en el que su vida es puesta en juego y que les conducirá a la nada o a la transfiguración, al abismo o a la metamorfosis. Pues bien, si en "2001: una odisea en el espacio" el camino es hacia la transfiguración, en "El Resplandor" es hacia la nada. En "El Resplandor" la estructura de dominación son los habitantes del Hotel Overloock, presencias espectrales, pero nítidas y precisas, de un pasado violento y asesino que jamás desaparece. El protagonista, Jack Torrance, aspira a ser escritor y acepta el trabajo de vigilante del Hotel durante los meses que cierra en invierno, junto con su mujer y su hijo, para escribir un libro. Todo parece nacer de un impulso creativo y fértil. Sin embargo sobrecoge seguir el proceso por el cual Jack, animado en principio por el deseo de crear, va siendo envuelto por la presencia extraña del Hotel y sus habitantes y por el núcleo de horror, violencia y resentimiento que lleva en su interior. Tal vez era la creación el modo de exorcizar todos esos demonios, la manera de dejar atrás el odio latente que siente hacia su mujer y su hijo por haberle apartado de sus metas. Sin embargo la página en blanco, estéril y vacía, no puede convertirse en espacio creador y se transforma en superficie de inscripción de una obsesión repetitiva que se va abriendo paso en su ánimo, hasta desembocar en una búsqueda asesina de su mujer y de su hijo, incitado por los habitantes del Hotel. Terribles las escenas en las que trata de asesinar a su mujer. Sobrecogedora la persecución del hijo dentro del laberinto. Y en ese laberinto se juegan dos destinos. Uno de esos destinos será de muerte. El otro de salvación. Uno de cumplimiento de una vida que queda congelada por el odio. Otro de apertura hacia un futuro desconocido.

Pero la película nos sugiere algo más. Desde la antiguedad griega nos llega el relato espeluznante de una divinidad, Cronos, que incapaz de afirmar el devenir, devora a sus hijos. Desde la antiguedad cristiana nos llega el relato de un monarca, Herodes, obsesionado por el miedo a ser asesinado y que desata a su alrededor la matanza de los inocentes. En esta película se vuelve sobre el mismo tema. En el primer relato los niños son devorados hasta que Zeus y su madre los liberan. En el segundo relato los niños son asesinados y uno de ellos escapa, pero su muerte solo sufrirá un aplazamiento: se cumplirá en una cruz, aunque afirmándose en el horizonte enigmático de la resurrección. En esta obra de Kubrick el niño entra en el laberinto y utiliza su ingenio. ¿Es el Laberinto un lugar de prueba donde se juega la vida y la muerte, la nada o la transfiguración? Desde luego. ¿Es el Laberinto un lugar salvador en el que perece la voluntad de dominación?.  No del todo. En una escena anterior, Jack conversa con un personaje al que cree reconocer. Se trata del antiguo vigilante que, en ese mismo Hotel, asesinó tiempo atrás a su mujer y a sus hijas, suicidándose después. Pero cuando Jack se dirige a él diciéndole que lo ha reconocido, este personaje le responde: es extraño, no conservo ningún recuerdo de todo eso, yo siempre he estado aquí, sin embargo usted siempre ha sido el vigilante. Siempre. ¿Será ese el sentido de la última imagen de la película? ¿Será eterna la dominación y eterna su negación?

jueves, 21 de abril de 2011

La existencia tiene el poder de renacer.

Encontramos en cada existencia, también la humana, un poder que nos parece del máximo interés para lograr una vida vivida con sentido y plenitud: el poder de renacer. En efecto, la existencia tiene el poder de renacer. ¿Qué sentido podemos dar a una afirmación como ésta? Para acercarnos a la respuesta, observemos la relación entre la existencia y su pasado.

La relación que la existencia guarda con su pasado no consiste en traer al presente la memoria de lo que fue, entendido como el resto de algo que ya no es nada. La existencia tiene el poder de recordar activamente su pasado en el siguiente sentido: es capaz de recrearlo mediante la creación de una nueva existencia, distinta de la primera, en la que sin embargo ésta insiste y resucita en su virtualidad. La nueva existencia trae a presencia en su fecundidad, aquello que ya fue. Y de ese modo, aquello que ya fue, renace en tanto posibilidad y futuro.

En consecuencia, la existencia es capaz de generar otra, distinta de la primera, en la que sin embargo aquella insiste en su poder de recreación y fecundidad. La existencia tiene el poder de superarse a sí misma y engendrar, por encima de su limitación, una nueva en la que la antigua renace en su potencia de futuro. Éste es el sentido de la expresión “la existencia tiene el poder de renacer”.

(Para saber más: "Filosofía del futuro", de Eugenio Trías).

sábado, 16 de abril de 2011

El Quijote es un porvenir.

El Quijote de Gustave Doré.
Solemos entender el pasado como el resto apagado de lo que una vez fue un presente ya cumplido. Sin embargo, consideremos el siguiente ejemplo. El Quijote, en su primera parte, fue escrito en 1605 y pertenece en consecuencia a nuestro pasado. Ahora bien, ¿sabemos todo acerca de la obra, de su tiempo, de su autor? ¿Hemos disfrutado ya de todo lo que puede sugerirnos acerca de la literatura, de la vida, de la fantasía, de la locura, de la identidad, del valor, de la ilusión, de los proyectos, de los fracasos, de los éxitos, de los ideales de amor y de vida, de la realidad seca de ilusiones, de las ilusiones secas de realidad...? ¿Ha terminado ya de contarnos quiénes somos como herederos suyos? ¿Ha dejado ya de iluminar nuestro presente y nuestro futuro desde su lejano pasado? ¿Ha terminado nuestro diálogo con él? ¿No tenemos ya nada que contarnos ni que descubrirnos mutuamente? La respuesta es no. Pues bien, en la medida en que aún no ha terminado de hablarnos desde su pasado, el Quijote es un futuro que aún está por venir y nos espera, acompañándonos en nuestro camino. Tiene mucho que decirnos: no sabemos cuales serán sus futuras revelaciones. Desconocemos los sentidos con los que se presentarán de nuevo sus palabras.

Pues bien ¿no sucederá así con todo lo que llamamos "pasado"? ¿No seguirán ardiendo sus cenizas por debajo de los fríos rescoldos que lo cubren, enamoradas de un futuro que quiere hacerse presente? Verdadero polvo enamorado, al decir de Quevedo. De ser así, el futuro se convierte en un advenir que abre el presente como repetición de lo que fue, el pasado guarda un futuro posible y el tiempo sucesivo, Cronos implacable que devora a sus hijos, no es la última palabra sobre el tiempo.

Estábamos leyendo el Quijote cuando estas ocurrencias surgieron. Rápidamente tomamos nota de ellas ¿Cuántas más nos tiene reservadas? ¿Qué sorpresas nos depara aún? No lo sabemos y no cabe anticipación posible porque el Quijote es un verdadero futuro. El Quijote es un porvenir.

viernes, 8 de abril de 2011

Un juego para leer el pensamiento.

Te voy a leer el pensamiento. Para ello tienes que concentrarte, estar en silencio e ir respondiendo a las preguntas que voy a hacerte, pero antes busca un papel y un bolígrafo. ¿Ya lo tienes? Bien. A continuación escribe en ese papel el año en que naciste. ¿Hecho? Ahora piensa en silencio en algun acontecimiento que ha sido importante para ti. Cierra los ojos y visualízalo. ¿Recuerdas en qué año fue? Muy bien. Escribe la cifra de ese año debajo de la otra, siempre como en una suma. Después, añade debajo de él los años que han pasado desde tu nacimiento. ¿Ya está?. Sólo queda una cosa más. ¿Cuantos años han pasado desde aquel acontecimiento que has recordado? Añade ese número debajo de los otros tres.
Y ahora, súmalos todos.
Una vez sumados, concentra tu mente en ese número porque te voy a leer el pensamiento.
Veamos.
La primera cifra...no la veo con claridad. ¡Ahora sí!. Es un... 4. ¿No ves el número? Pasa el cursor por encima del espacio en blanco tras los puntos suspensivos como si lo seleccionaras y entonces lo verás.

Siempre hay un margen de error pero casi seguro que he acertado. Vayamos con el segundo. Creo que lo veo. Sí. El segundo número es un...0. Para verlo ya sabes que tienes que pasar el cursor por encima del espacio en blanco mientras pulsas el botón izquierdo del ratón. ¿Coincide con el que has pensado? Seguramente sí.
Pero faltan dos números. Intentaré lograrlo. El tercero es... no, no estoy seguro, aunque ahora lo veo más claro. Es un...  2 ¿Acerté? Pues si es así, no estaría mal acertar también el último. ¡Ya aparece, sí! Creo que es  un ...1¿Correcto? Vaya, estoy agotado. Cansa mucho esto de leer el pensamiento.

sábado, 2 de abril de 2011

Para conseguir la felicidad.

Felicidad gatuna.
Hace algunas semanas estudiamos con los alumnos las éticas materiales:  aquellas que, según Kant, proponen un bien supremo para el ser humano como criterio de la bondad o maldad de su conducta. Nuestros actos serán buenos cuando nos acerquen a tal bien y malos cuando nos alejen de él. Las éticas materiales establecen un bien para el hombre (el placer, la felicidad) y proponen unas normas para alcanzarlo.

A continuación planteamos en clase una pregunta. Suponiendo que una ética material nos propone como bien supremo el dinero ¿qué mandamientos nos ayudarían a alcanzarlo? Los alumnos propusieron algunos como los siguientes: amarás al dinero sobre todas las cosas, amarás al dinero más que a tu padre y a tu madre, no usarás el nombre del euro en vano, codiciarás a la mujer del prójimo si es por dinero...

Y para la felicidad ¿que mandamientos podrían acercarnos a ella? Algunas respuestas fueron:
  • Amarás por encima de todas las cosas
  • Harás feliz a los demás como quieres que te hagan feliz a ti
  • Sonreirás y alegrarás al prójimo como a ti mismo
  • Te involucrarás en la felicidad de los otros.
  • No te acostaras sin haber reído.
  • No perderás el tiempo en lamentaciones.
  • Te querrás a ti mismo para querer a los demás.
  • No buscarás directamente la felicidad.
  • Vivirás y dejarás vivir.
  • Te esforzarás por llegar a tus metas.
Esperamos que alguno de ellos te sirva. Puedes añadir alguno más.