viernes, 29 de julio de 2011

No me conformo.

No me conformo con que la muerte sea la última palabra sobre la vida, con que a la diversión se la confunda con la felicidad, con que al orden se le llame paz y justicia, con que la cháchara pase por ser pensamiento, con que el amor sea vencido por la costumbre, con que lo pasajero ocupe el lugar de lo eterno. No me conformo y quiero vida, felicidad, paz, justicia, pensamiento, amor, eternidad.

jueves, 21 de julio de 2011

Adivinanza en la ferretería.

Una persona entra en una ferretería, pregunta el precio del objeto que quiere comprar y le contestan lo siguiente:
  
-Si quiere uno le costará 6 euros. Si quiere once le costarán 12. Si quiere ciento once le costarán 18

¿Qué objetos quiere comprar en la ferretería?

viernes, 15 de julio de 2011

Nota sobre el poder del tiempo

El poder del tiempo consiste en esto: no en aniquilar todas las cosas a medida que transcurren, sino en hacerse distinto de sí mismo sin dejar de ser él mismo: padecimiento de su metamorfosis. El tiempo mismo consiste en ir distinguiéndose de sí mismo, ese es su modo de ser quien es. Y la experiencia de su pasar consiste en sentir esa diferencia. El abrirse de tal diferencia es un continuo comenzar y terminar, nacer y morir.

Una consecuencia: el pasar del tiempo no es aniquilación de lo que pasa. Entre otras razones porque si sentimos la diferencia entre el pasado y el presente es porque ambos son algo y no nada...

viernes, 8 de julio de 2011

García Calvo y el morir

El encuentro afortunado que me llevó al texto de García Calvo sobre el nacer me ha llevado también a este otro sobre su doble en sombra, el morir. Se titula "Una buena muerte" y dice así:

"Se oye a menudo, y se desea, y hasta le rezan al Cristo de la buena muerte; dos cosas que chocan tanto una con otra: ¿cómo va a haber una muerte buena? Vamos a ver: ¿no era la muerte el fin de todo, si es que uno es uno de verdad, y si ése que muere es uno? Pues eso ¿cómo va a ser bueno?, o bueno ¿para quién? Para uno, desde luego, no: ¿será para herederos, Patria, Humanidad, Progreso, el Nombre propio de uno? Pero todo eso ¿qué diablos le importa a uno, si lo han quitado ya del medio?

O será que uno no era uno de verdad; que, si fuese verdad que es el que es, sería como Dios, y ése no muere nunca; pero entonces, ¿a qué viene pedir una buena muerte? Será que no se trata de la suya (porque él no puede morir), sino la de algo como eso que el alma llama cuerpo, que no es él, pero que está ligado a él, Dios sabe cómo, y que por eso…

Pero, hombre (me dirá enseguida algún vecino), es que te equivocas: lo que en realidad se pide no se refiere a la Muerte, así a lo bruto y general, sino sólo al trance, a pasar el trance de morir. Ya entiendo, vecino: como si, al llamar a la puerta de una que no sabes si te quiere o no, pides que, al abrir, te ponga cara sonriente. Pero eso ¿a quién vas a pedírselo? No a Dios o sus santos, porque en eso, ni ellos ni el médico con sus drogas ni el gobernador que ordene a un esbirro pegarte de una vez un tiro, no saben ni entienden.

Acaso eso de morir no es nada trascendental ni definitivo, no es un trance de muerte, sino de vida, como los otros trances. Y esto de vivir, si te olvidas de ser uno y te vuelves un animalillo o cosa como las cosas, no es más que dejar que te pase lo que sea (alguna hay, más sabia, no todopoderosa, sino sin fin, que se cuida por tí de esos asuntos), y ese trance que te dicen último no es más que otro de los incontables que vas pasando.

Ya (dice la vecina), pues entonces tiene sentido desear que pase buenamente. Sí, querida vecina, sólo que eso no es nada futuro (en el futuro no pasa nada, porque es mentira, y no hay mentira que sea buena), sino que te toca ahora: es ahora cuando puedes ir desprendiéndote de tí misma, por si acaso".