domingo, 29 de julio de 2012

Las cosas buenas ya están pasando


Solemos creer que vivimos en un mundo injusto, insolidario, dominado por el interés por lo propio y el desinterés por lo ajeno, donde el ser y el deber ser están irremediablemente separados. Su coincidencia impensable se coloca, en el mejor de los casos, o bien en un pasado perdido o bien en un futuro por venir, cuando no se declara simplemente imposible. Tradicionalismo, revolución, desesperación, pero también indiferencia. Ahora bien, en todos estos casos lo que se niega es lo mismo: que lo justo y lo bueno estén sucediendo aquí y ahora, en el seno de lo injusto y de lo malo. Y sin embargo, el presente alberga a los dos, a la sombra y a la luz, ése es su asombroso regalo. No se trata por tanto de buscar lo justo y lo bueno en un pasado del que sólo hay recuerdos, o en un futuro del que su espera apenas trae noticia alguna. Ni añoranza ni espera. Se trata de ver cómo, dónde, en quién está ya sucediendo y naciendo para así descubrirlo, cuidarlo y hacerlo crecer. Ahora.

Ésa es la buena noticia: las cosas buenas ya están pasando.

domingo, 22 de julio de 2012

Especulación y deuda explicadas con sencillez

La especulación financiera está afectando de modo directo a nuestra vida cotidiana como ya lo ha hecho en otros muchos países desde hace décadas. ¿En qué consiste? De una forma breve y clara  Eliseo Oliveras explica una de sus formas en este texto:
"Imagínese usted, que paga religiosamente su hipoteca cada mes al banco, que de repente miles y miles de personas que no conoce de nada comienzan a comprar un seguro de impago sobre su hipoteca a pesar de no tener ningún riesgo en la misma porque consideran que usted será incapaz de pagar esa hipoteca.
Esta compra masiva de seguros de impago hace subir el precio del mismo y reporta pingües beneficios a los primeros que invirtieron en ella a un precio más bajo. Pero la subida del precio del seguro de impago crea una impresión artificial de que existe un mayor riesgo que antes de que usted no sea capaz de pagar la hipoteca y el banco le aumenta el tipo de interés para cubrir ese riesgo. De este modo, la rentable especulación de quienes han comprado un seguro de impago sin tener ningún riesgo que cubrir le ha costado usted un aumento de la cuota de su hipoteca.
Como ese tipo de especulación resulta muy rentable, esos miles de inversores siguen comprando seguros de impago contra su hipoteca, su precio sube, el indicador de riesgo vuelve a aumentar y el banco le vuelve a castigar a usted con otra subida del tipo de interés sin que usted se la merezca, porque nunca ha dejado de pagar sus cuotas.
Este proceso se repite hasta que el tipo de interés que le cobra el banco a causa de esa percepción artificial de riesgo es tan alto, que al final no ya puede pagar esa hipoteca. Los especuladores obtienen el beneficio máximo y usted acaba en suspensión de pagos.
A usted este tipo de operación le parecerá malsano, pernicioso económicamente e incluso delictivo. Estoy seguro que además piensa que ese tipo de operaciones deberían estar prohibidas y tiene razón. Pero este tipo de operaciones es el que se produce cada día en los mercados financieros con la deuda española, italiana y de otros países acosados por los especuladores.
Los grandes fondos especuladores y los grandes operadores financieros están desde hace tiempo comprando masivamente seguros de impago sobre la deuda española (credit default swap, CDS, en la terminología inglesa), a pesar de que no son propietarios de títulos de deuda pública española y no tienen ningún riesgo que cubrir.
Como en nuestro caso imaginario de la hipoteca, la compra masiva de esos CDS hace subir una y otra vez su precio y da la falsa impresión de que el país corre el riesgo creciente de suspensión de pagos. Y, como consecuencia de ello, el tipo de interés que reclama el mercado para la deuda pública española sube también y la denominada prima de riesgo sobre el bono alemán de referencia también aumenta hasta récords históricos.
Todo esto, que reporta suculentas ganancias a los especuladores, empobrece cada día más a España (y a los españoles), ya que el estado tiene que dedicar cada vez más fondos a pagar los intereses de la deuda pública en lugar de poderlos destinar a la sanidad, la educación o las inversiones productivas.
¿Por qué no está prohibido este tipo de operaciones, se preguntará usted? Porque los gobiernos europeos no se atreven a ello, después de defender durante varias décadas la desregulación más desmedida, que condujo a la crisis financiera del 2007-2008 de la que aún no nos hemos recuperado.
Alemania defendió introducir esa prohibición en la tramitación del proyecto de directiva sobre productos financieros derivados, pero España, Gran Bretaña y otros países se opusieron a ello en el Consejo de Ministros de la Unión Europea (UE). El Parlamento Europeo enmendó en julio el proyecto para introducir esa prohibición y ahora la aprobación de la normativa depende de que la Eurocámara y los Veintisiete lleguen a un compromiso sobre este tema.
Mientras tanto, los especuladores obtienen beneficios multimillonarios hundiendo la credibilidad de la deuda pública de los países y los ciudadanos ven impotentes como la pasividad y la falta de coraje de sus dirigentes empobrece a sus respectivos países" [enlace al artículo].

No todo lo que está sucediendo en nuestro país se explica por estas razones, pero sí en gran medida, y pueden ayudarnos a entender los cambios que se están produciendo en nuestra realidad social para orientarnos en ellos.

lunes, 16 de julio de 2012

Una historia conocida sobre la crisis


No por conocida debemos olvidarla. Se trata de una historia que explica algunas razones de la actual crisis económica que vivimos tan de cerca. Resumida en seis breves puntos, nos dice lo siguiente:

1) En las últimas décadas los bancos estadounidenses difunden por todo el sistema financiero internacional miles de productos derivados de contratos hipotecarios como inversión rentable que en realidad ocultan una gran probabilidad de impago (hipotecas ninja, etc).

2) Estos productos derivados se revelan como basura financiera carente de valor y hacen quebrar a los bancos e inversores que los habían adquirido.

3) Cuando esto sucede, los bancos dejan de dar crédito y las empresas y consumidores que dependen de su financiación no pueden continuar produciendo y comprando, lo que provoca la caída de la actividad económica y el aumento del paro.

4) Los gobiernos entonces inyectan miles de millones al sistema financiero para salvar a los bancos creyendo que así volverán a dar crédito. El resultado es que al disminuir la actividad económica, disminuye la recaudación de ingresos, aumentan los gastos, el déficit se multiplica y la deuda se dispara.

5) A continuación, los bancos y otros grandes inversores aprovechan la necesidad de financiación de los gobiernos para prestarles grandes cantidades de dinero imponiéndoles reformas sociales basadas sobre todo en el recorte del gasto social y los salarios, dirigiendo así la mayor parte de estos recursos al pago de los préstamos.

6) Algunas consecuencias para una gran parte de los ciudadanos son el aumento de los impuestos al consumo, la reducción de los salarios, la salida de medicamentos de la seguridad social, el cierre de centros de salud, la disminución de camas disponibles en los hospitales, el aumento de las listas de espera, la no contratación de interinos en educación, el cierre de escuelas rurales, el aumento de la ratio en los centros escolares, el recorte en los presupuestos para investigación y desarrollo, la huida de capital a otros mercados como el alimentario, con consecuencias trágicas, etc.

Esta breve historia, con sus limitaciones, aunque es conocida, no ha de ser olvidada si queremos orientarnos adecuadamente en la realidad social que estamos viviendo. Nos muestra un movimiento en el equilibrio de poder establecido entre la esfera económica, la financiera, la política y la ecológica que determina los rasgos propios de nuestra sociedad actual.






jueves, 12 de julio de 2012

Mapamundi sobre el infierno.

No se dibujan mapas sino de lo desconocido. Puesto que vivir es encontrarse naciendo y adentrándose en lo desconocido, iremos dibujando un mapa del territorio encontrado: un mapamundi. Tras los cuatro elementos (aire, agua, tierra, fuego), recorreremos cuatro dimensiones de nuestro mundo, el infierno, el paraíso, la guerra y la paz, con citas que nos orienten sobre cada uno de ellos. Hoy: el infierno.

El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuo: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.
                                                           Italo Calvino

domingo, 1 de julio de 2012

Protección

"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños".

Kalil Gibran.