lunes, 18 de marzo de 2013

El verdadero anhelo del ser humano

¿En qué consiste el verdadero anhelo del ser humano? ¿En el prestigio, el poder, la riqueza? En realidad  prestigio, poder y riqueza son sustitutos que pretenden ocupar su lugar cuando el ser humano, por debilidad, miedo o ambas cosas, es incapaz de lograrlo. Lo que solemos llamar "realidad" es el resultado de la renuncia a ese anhelo. Pero él insiste. Escuchemos en qué consiste verdaderamente:

"El hombre se realiza como tal, alcanza su finalidad, su telos en la medida misma en que se autotrasciende. Su amor al devenir -que es en rigor autotrascendencia- lleva al hombre verdadero a preparar y querer su propio ocaso, condición de la creación.  Para poder crear, es decir, para producir un ser que trasciende la propia individualidad, para dar vida a un ser diferenciado de Uno Mismo (y eso es crear, engendrar), es preciso diferenciarse de sí mismo, desbordar el propio límite alcanzado , saltar "por encima de la propia cabeza", condición todo ello de poíesis en sentido genérico. Todo lo cual comporta riesgo: riesgo de "dispersarse y perderse", riesgo de perecer y de morir. Pero puede afirmarse que en ese movimiento de autotrascendencia alcanza su realización, su verdadera fruición, eros, el verdadero anhelo humano. Anhelo que no tiene por finalidad la unión con la Belleza sino la generación o el parto en ella, como ya supo ver Platón en su extraordinaria concepción del amor".

                                                                      Eugenio Trías. Filosofía del futuro.

lunes, 11 de marzo de 2013

¿Quién es uno mismo?

Este Manuel no deja de sorprenderme. Cuando menos lo espero, en medio de la conversación más banal o la circunstancia más cotidiana, siempre a contrapié y desprevenido, va y me suelta una barbaridad que me deja temblando y sin saber qué decir ni responder. El otro día, hablando de la adolescencia y su búsqueda de la propia identidad cuando se quiebra la de la infancia y los adultos no son ya modelo de nada, me suelta una andanada de las suyas:

-Mira, no hay razón para tanta búsqueda, ni tanto no sé quién soy ni tanta gaita. Uno es aquello que aún tienen de vivo los muertos y se acabó. Si te gusta, bien, y si no, da igual.

-Pero Manuel, no te entiendo. Además ¿cómo le digo yo eso a un chaval en clase? Los muertos están muertos y los vivos, pues vivos...

-¿Me vas a decir de verdad, así sin más, que los vivos están vivos? ¿Pero te has fijado en la cara de la gente en el metro por la mañana? ¿Y en la tuya? Hay muertos más vivos que algunos de ésos, así que nada, nada, no me vengas con historias.

-Oye amigo, que tú no te libras.

-Ya lo sé, pero por lo menos no confundo a los unos con los otros. ¿Que los muertos se nos han ido? Digamos que sí. Pero han dejado algo de sí mismos capaz de sentir, pensar, desear, esperar, buscar, disfrutar, imaginar, respirar, vivir. Y eso eres tú.