miércoles, 23 de octubre de 2013

Dos citas contrapuestas sobre la verdad

La primera, de Campoamor:
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

La segunda, de Antonio Machado:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

La mayoría de mis alumnos suelen elegir la primera, pero cuando vienen a reclamar la nota de un examen, prefieren la segunda.


jueves, 17 de octubre de 2013

En qué consiste la ética (adaptado de un texto de Savater)

La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor. Sólo quien ha nacido para esclavo o quien cree que todo da igual se dedica a vivir de cualquier manera.

Quieres averiguar cómo vivir mejor y darte la buena vida: estupendo. Pero también quieres que esa buena vida no sea la buena vida de una coliflor o de un escarabajo, sino una buena vida humana. Es lo que te corresponde, y estoy seguro de que a ello no renunciarías por nada del mundo. Pues bien, ser humano consiste principalmente en tener relaciones con los otros seres humanos. Si pudieras tener muchísimo dinero, una casa suntuosa, las mejores ropas, los más exquisitos alimentos, etc., pero todo ello a costa de no volver a ver ni ser visto por ningún ser humano jamás, ¿estarías contento? ¿Cuánto tiempo podrías vivir así sin volverte loco? ¿No es la mayor locura querer las cosas a costa de la relación con las personas? Muy pocas cosas conservan su gracia en la soledad; y si la soledad es completa y definitiva, todas las cosas se amargan irremediablemente. La buena vida humana es buena vida entre seres humanos o de lo contrario puede que sea vida, pero no será ni buena ni humana.

Las cosas pueden ser bonitas y útiles, algunos animales resultan simpáticos, pero los hombres lo que queremos ser es humanos, no herramientas ni bichos. Y queremos también ser tratados como humanos, porque eso de la humanidad depende en buena medida de lo que unos hacemos con los otros. Hablar a alguien y escucharle es tratarle como a una persona, por lo menos empezar a darle un trato humano. Es sólo un primer paso. Hay otras formas de demostrar que nos reconocemos como humanos, es decir, estilos de respeto y de miramientos humanizadores que tenemos unos para con otros. Todos queremos que se nos trate así y, si no, protestamos. Lo más importante de todo esto me parece lo siguiente: que lo que nos convierte en humanos, en lo que queremos ser, es un proceso recíproco, como el propio lenguaje. Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mí todos son como cosas o bestias, yo no seré mejor que una cosa o una bestia tampoco. Por eso darse la buena vida no puede ser algo muy distinto a fin de cuentas de dar la buena vida. Piénsalo un poco, por favor.


                                               Adaptado de Ética para Amador, de Fernando Savater.

viernes, 4 de octubre de 2013

Dudar de lo indudable

En estos días hemos leído en clase un texto sobre el origen de la filosofía y su nacimiento a partir de la admiración y la duda. Admiración ante un mundo enigmático que, a pesar de su diversidad y sus cambios, muestra orden y unidad.  Duda entendida como un cuestionar aquello que todos damos por bueno o verdadero.

Esta definición de duda me sorprende: ¿cuestionar lo que todos damos por bueno o verdadero? Cuestionar lo incuestionado, lo que entre nosotros se presenta como evidente, claro por sí mismo, indiscutible y obvio. Me doy cuenta de que dudar de lo que es dudoso es una tarea muy sencilla, pero dudar de lo indudable, no. Basta hacer la prueba preguntándonos qué es hoy para nosotros lo incuestionable. Pregunto a mis alumnos si hay algo en este mundo absolutamente indudable  y, después de pensarlo, algunos me contestan: la muerte. En efecto, ¿quién duda entre nosotros de la muerte, de su poder sobre la existencia, de su evidencia irrebatible? ¿Acaso hay alguien capaz hoy de ponerla en cuestión, o al menos, de preguntarse por ella como niños que aún no la entienden?  Y cuando continuamos preguntándonos si habrá algo incuestionable en este mundo, aparece otra respuesta: el dinero. El dinero como Señor de nuestro mundo, como su principio y su fin, como aquello que juzga, perdona y condena, que da la vida y la quita, imponiendo sus condiciones al futuro sin contestación posible y arrojando a los infiernos a todo aquel que no las cumple. ¿Quién hay entre nosotros capaz de poner en cuestión al dinero, a su poder y a su futuro?

Y sin embargo, allí donde se duda de lo indudable, tiene su origen, entre otras figuras insólitas e inesperadas, la filosofía…