viernes, 31 de enero de 2014

Ser humano y azar en García Cuartango

¿En qué consiste el ser humano? En gran medida, en un resultado del azar. Así lo piensa el periodista Pedro García Cuartango, y en el siguiente artículo subraya la presencia inquietante del azar en diferentes dimensiones de nuestra vida:


El azar.
Creo que el azar gobierna nuestras vidas de una forma mucho más importante de lo que pensamos, aunque la mayoría de la gente se resiste a aceptar esta idea.
Ello es porque, como decía Ludwig Wittgenstein, encajamos todo lo que perciben nuestros sentidos en un molde predeterminado por nuestro cerebro. Pero las cosas no suelen ser como parecen en muchas ocasiones.
El ser humano necesita explicar los fenómenos que no comprende y, por ello, establecer pautas de comportamiento que suelen ser puramente ilusorias. Por ejemplo, un individuo invierte sus ahorros en la Bolsa y luego se arruina. Se casa con una mujer enamorado y se separa a los tres meses. Confía en el diagnóstico de un médico, que más tarde se demuestra que es erróneo.
En general, percibimos las cosas como creemos que son y no cómo realmente son cuando se trata de asuntos complejos, que afectan a nuestra vida. Ello también es extensible al mundo de lo físico: decimos que el cielo es azul, pero en realidad el color es una longitud de onda.
Casi todo lo que nos sucede en la vida es imprevisible. Hagamos el simple ejercicio de situarnos en nuestra niñez y luego en el presente. ¿Era predecible el desarrollo de nuestra existencia?
Se me dirá que este argumento es un sofisma porque el hombre es el resultado de su herencia genética, su familia, su educación y su entorno. Es cierto que todos estos factores son esenciales, pero también son puramente aleatorios. ¿Por qué, si no, dos hermanos pueden ser totalmente distintos?
El mismo accidente del MD-82 en Barajas está probablemente motivado por una sucesión de hechos azarosos que desembocaron en la catástrofe. La alteración de uno de los factores de esa secuencia habría podido evitar el fatal desenlace.
Desde niños, hemos sido educados en el principio de causalidad y en la idea de que todo lo que sucede a nuestro alrededor es explicable de forma racional. Desde Platón a Hegel y Marx, los filósofos han analizado los fenómenos individuales y sociales como el resultado de unas leyes universales.
Este determinismo histórico nos ha cegado sobre lo esencial: esa presencia del azar. La vida existe en la Tierra porque, según los científicos, se dieron unas circunstancias bioquímicas cuya repetición es altamente improbable. El azar jugó también un papel importante en la evolución genética, como muy bien demostró Jacques Monod.
Somos, en buena medida, un producto del azar y eso es lo que convierte en tremendamente vulnerable al ser humano. Pero es el azar también el que hace que la existencia humana sea una aventura singular e irrepetible. Tal vez nuestra conciencia sea también un producto del azar, lo que nos plantea serias dudas sobre el alcance de nuestro conocimiento.
Son reflexiones a las que he dado muchas vueltas y que posiblemente carezcan de sentido, como casi todo lo que hacemos.

martes, 28 de enero de 2014

Un microcuento sobre el silencio con final feliz

Al entrar en una clase de Secundaria me encuentro en el panel de corcho junto a la pizarra con un breve cuento, tan breve que se tarda más en leer esta introducción que en disfrutarlo. Sin embargo deja un buen sabor de boca, muchas sugerencias y una sonrisa. No contiene ninguna errata y dice así:

¿Quieres callarte conmigo? -le dijo. Y sin añadir una palabra, fueron felices para siempre.

miércoles, 22 de enero de 2014

Informe Oxfam sobre desigualdad económica y crisis democrática

En la actualidad, el 1% de la población mundial posee casi el 50% de la riqueza mientras que la otra mitad se reparte el resto. La desigualdad económica extrema crece, incluso con la crisis económica . Una de las consecuencias: la riqueza extrema se apropia de la elaboración de las políticas gubernamentales favoreciendo sus intereses a costa del resto de la ciudadanía. El resultado es el debilitamiento de los sistemas democráticos, la destrucción de la cohesión social y la desaparición de la igualdad de oportunidades.

Sin embargo el proceso no es invitable. Hay ejemplos de ello tanto en el pasado como en el presente. Puedes conocerlos en los siguientes informes Oxfam en pdf:


domingo, 19 de enero de 2014

En qué consiste el ser humano según Manuel Vicent

Cilindro
Iniciamos una selección de textos alrededor de esta pregunta: ¿en qué consiste el ser humano? Comenzamos con un texto irónico, brillante y desencantado de Manuel Vicent sobre nuestra condición titulado "el cilindro":

"En sentido estricto, el ser humano es un tubo de carne impulsado por un mecanismo eléctrico. Esta especie de cilindro tiene algunos agujeros superiores e inferiores, unas alargaderas con pinzas en los flancos y todo eso va montado sobre un compás que sirve para desplazarlo en cualquier dirección, siempre detrás de un deseo. La alta misión de este tubo en la Tierra consiste en arramblar cosas de alrededor generalmente vivas, en sacrificarlas, trocearlas, introducirlas por la ranura de arriba y expulsarlas por el escape o sumidero de abajo, después de haberlas transformado en abono. Esta operación posee cierta calidad mística. El estiércol es un compromiso de honor del hombre con la naturaleza. Pero uno no pretende arrebatar a nadie las ansias de inmortalidad, ni siquiera rebajar la dignidad de este extraño aparato. Por otra parte, resulta muy fácil olvidar semejante ignominia. Basta con cubrir este cilindro con una tela y el misterio vuelve al instante. Algunos hacen mucho más. Le ponen mitras, gorras de plato y birretes con borlas en la cabeza, lo adornan con capas, clámides, polainas, joyas y medallas con el único fin de conquistar la inocencia.

El gran invento de la cultura ha sido el alma. Hubo un tiempo en que estos tubos de carne iban sueltos por el planeta realizando su labor degustadora sin otra aspiración en la vida. Eran unos instrumentos solidarios, dotados de una ciega maldad química. Luego se agruparon en manadas cerca de las charcas y allí tal vez reconocieron a un jefe. La cultura comenzó cuando este raro mandamás tuvo la ocurrencia de coronarse con plumas de pato. Al calor de ese sombrero germinó la conciencia, o sea, una argucia para desviar el destino. Ahora abra usted la ventana y vea como desfilan todavía. Van con abrigos, gorros, bufandas, mitras, birretes y cada uno ya tiene su alma”.

jueves, 16 de enero de 2014

Un consejo para ser más feliz

Una antigua oración nos ofrece un consejo valioso para ser más felices o, al menos, para no colaborar personalmente en nuestra propia infelicidad. Dice así:
Dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar,
valor para cambiar lo que puedo
y sabiduría para comprender la diferencia.

sábado, 11 de enero de 2014

En qué consiste el devenir

El devenir es lo propio de la realidad. La realidad deviene. Pero ¿qué significa esto? ¿Que cambia sin cesar? ¿Que nada en ella permanece? ¿Que todo, al final, pasa? Cierto filósofo ha llegado a afirmar que la cultura occidental es un autoengaño nacido de la incapacidad para afirmar la vida tal cual es, siendo la vida devenir. Pero ¿en qué consiste la vida tal cual es? ¿En qué consiste el devenir?

Para encontrar una respuesta tenemos que iniciar un pequeño viaje. Se trata de un viaje en tres etapas, guiado por tres textos -y alguno más- que nos ayudarán a comprender en qué consiste el devenir como lo propio de la realidad.

En la primera etapa acudimos a la Iliada de Homero. Allí podemos leer el siguiente texto:
"Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece."
Así los hombres y así lo real. Cual la generación de las hojas, nuestras vidas tienen lugar en el seno de una sucesión de vidas que se siguen unas a otras, naciendo y pereciendo. El devenir de lo real consiste en nacer y perecer.

¿Será ésta la verdad terrible de la que habla entre susurros Don Manuel, cura de Valverde de Lucerna, con Lázaro, en aquella inolvidable novela de Unamuno?
¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”.
Si leemos un poco más, descubrimos sobrecogidos en qué consiste esa verdad que Don Manuel debe ocultar a sus feligreses para que puedan vivir:
Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerles felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles (...). Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir(...)”.
Haber tenido que nacer para morir. ¿De eso se trata al fin? En esta primera etapa del viaje, la verdad del devenir es entendida como sucesión de nacimientos y muertes pero ¿cómo no sentir con Unamuno el trágico contraste entre el devenir así entendido y el más profundo de los anhelos humanos, el anhelo de inmortalidad, simbolizado por el corazón? Y de ser así, ¿estará nuestra condición determinada por el conflicto entre la razón, que nos dice de lo real que nace y muere, y nuestro corazón, que desea eternidad?

Por ahora no podemos contestar. Estamos sólo en la primera etapa de nuestro camino. En ella el devenir consiste en el nacer y el morir de las cosas. Muy bien, pero continuemos, porque el viaje no acaba aquí.
...............................................................

La segunda etapa de nuestro viaje nos lleva a una escena de la película holandesa “Antonia”, dirigida por Marleen Gorris en 1995 y premiada con el Oscar a la mejor película extranjera. Se trata de aquella en la que Antonia y su bisnieta, tras la muerte su amigo Dedos Torcidos, vuelven lentamente a casa a lomos de un caballo de labranza. La niña pregunta a Antonia:
-¿Dónde está Dedos Torcidos, dónde están todos?
Y Antonia le contesta:
-El cuerpo de Dedos Torcidos lo han quemado y han esparcido sus cenizas por la tierra.
A la niña no le bastan estas palabras e insiste:
- Sí, pero...
Y Antonia le responde:
-Nada muere completamente. Siempre queda algo, de lo que crece algo nuevo. Así empieza la vida, sin saber de dónde viene ni por qué.

-¿Pero por qué?

-Porque la vida quiere vivir (...).
La vida quiere vivir, las cosas nacen y mueren (1ª etapa), pero no mueren del todo porque son capaces de dejar en su lugar algo de sí mismas, de lo cual algo nuevo es capaz de nacer. Por tanto, el devenir no se agota en el nacer y el perecer. Éste es el descubrimiento que nos ofrece la segunda etapa del viaje. La razón está en la fecundidad de lo real: no es cierto que las cosas simplemente nazcan y mueran. Ellas son capaces de dejar algo de sí de lo que crece algo nuevo. ¿Cual la generación de las hojas, así la de los hombres? Sí, pero el viento del devenir, que esparce las hojas por el suelo, hace de ellas una tierra fértil en la que, reverdeciendo, algo nuevo crece.

Por tanto, en esta segunda etapa, el devenir no es sólo nacimiento y muerte, sino también fecundidad, crecimiento y novedad. Ahora bien ¿qué relación hay entre las cosas en devenir y la novedad que nace de ellas?¿Acaso perduran más allá de sus límites porque sean fecundas? ¿No dejan de morir por el hecho de dar lugar a algo nuevo?¿De quién se trata en esa novedad? Las respuestas a estas preguntas no se encuentran en esta segunda etapa. Es necesario continuar el viaje un poco más.

...............................................................


La tercera etapa de nuestro viaje nos lleva hasta un texto de Platón en el diálogo “El Banquete”, aquel en el que la sacerdotisa Diotima revela a Sócrates los misterios de Eros. El punto de partida para la comprensión del devenir no es la caducidad de las cosas, sino su anhelo de inmortalidad, siempre condicional :

La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal”.

Pero esa búsqueda no se estrella contra lo imposible, sino que descubre un camino para su realización:
La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo”.


No se trata solamente de que las cosas en devenir, antes de partir, dejen algo de sí de lo que nace algo nuevo (2ª etapa). Hay que añadir algo más. Lo que dejan es su descendencia, aquello de sí mismas que sigue vivo y produciendo efectos en lo que promueven. Se trata de que las cosas en devenir perduran y salvaguardan su ser diferenciándose de sí mismas en aquello que engendran. No perduran como los dioses, siendo idénticas a sí mismas, sino distinguiéndose de sí en aquello que de ellas nace:

De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente idéntico a sí mismo, como lo divino, sino porque el ser que se va o ha envejecido deja en su lugar otra ser nuevo similar a como él era. Por este procedimiento, Sócrates, lo mortal participa de inmortalidad, tanto su cuerpo como en todo lo demás”.


Los seres en devenir no nacen y perecen sin más, sino que son capaces de renovarse y perdurar mediante la recreación de sí mismos a través de la creación de un nuevo ser, puesto que su mismidad soporta la diferencia. En el nuevo ser insiste el fenecido de modo reproducido y diferenciado, siendo retoño y recreación de éste. Por tanto:

No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor”.


La inmortalidad condicional de los seres en devenir, su mismidad proyectada en un ser otro, abierto al futuro, se despliega en la serie de muertes y renacimientos a través de los cuales se recrean y reproducen. De este modo, la naturaleza mortal de los seres en devenir busca y logra, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal.

...............................................................

Con este texto de Platón llegamos al final de nuestro viaje, pero no sin recordar la pregunta que lo puso en marcha. ¿En qué consiste el devenir? En el nacer, morir y renacer de las cosas en aquello que promueven. Las cosas nacen y mueren (1ª etapa del viaje), pero no mueren del todo, porque dejan algo de sí mismas (2ª etapa), siendo aquello que dejan de sí mismas su descendencia o legado, el hijo, la acción, la obra, en la cual renacen de modo diferenciado (3ª etapa).

Puedes continuar este viaje recorriendo algunos símbolos del devenir. Ahora bien, todo esto... ¿no te da algo que pensar?

miércoles, 8 de enero de 2014

Descendencia

La descendencia de un ser, por ejemplo, de un ser humano, es aquello que de él sigue vivo y produciendo efectos en lo que promueve, como sucede en sus obras, pensamientos, gestas, acciones, proyectos, hijos, y cualquier otro modo de trascenderse a sí mismo. Por esa razón un ser fecundo no nace y muere sin más, sino que renace en su descendencia.

sábado, 4 de enero de 2014

Un texto inolvidable de Platón

El texto pertenece a la obra titulada El Banquete, y en concreto al diálogo entre Sócrates y Diotima en la que ésta le revela los misterios de Eros:
La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues ni siquiera en el tiempo en que se dice que vive cada una de las criaturas vivientes y es idéntica a sí misma, reúne siempre las mismas cualidades; así por ejemplo, un individuo desde su niñez hasta que llega a viejo se dice que es la misma persona, y sin embargo, aunque se dice que es la misma persona, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se está renovando en un aspecto y destruyendo en otro. (…) De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente idéntico a sí mismo, como lo divino, sino porque el ser que se va o ha envejecido deja en su lugar otro ser nuevo similar a como él era. Por este procedimiento, Sócrates, lo mortal participa de inmortalidad, tanto su cuerpo como en todo lo demás. (…) No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor”.