miércoles, 31 de diciembre de 2014

El tiempo no pasa sin quedar

En los días previos a la celebración de la Navidad y el Fin de Año escucho a muchas personas, normalmente mayores, contar lo rápido que pasa el tiempo. Hace nada, dicen, estaban celebrando la pasada Navidad y de repente ya está aquí de nuevo. Otra vez los turrones, los polvorones, las campanadas, las uvas. Hace nada, recuerdan, éramos niños cantando villancicos y jugando alrededor del Belén y ahora... Con sorpresa, con resignación o con ambas cosas, sus miradas y sus palabras reconocen cómo, sin apenas darnos cuenta, el tiempo pasa.

Y tienen razón, desde luego. El tiempo pasa. Pero lo que no cuentan esas historias es que, además de pasar, el tiempo también queda, así que unamos a sus historias sobre el pasar del tiempo la nuestra sobre su quedar. Para poder hacerlo, hemos de preguntarnos a qué se refiere la expresión “el tiempo pasa”. ¿Qué queremos decir con ella?

Decimos “el tiempo pasa” cuando sentimos una diferencia entre aquel que somos y aquel que hemos sido. Esa diferencia la siente el joven al descubrirse un día distinto del niño que fue, o el adulto al volver la mirada sobre su juventud y no verla ya coincidir con su propio rostro, o el anciano al asomarse a ese espacio abierto entre él mismo y su madurez.

Ahora bien, sólo podemos sentir una diferencia entre aquel que somos y aquel que hemos sido si aquel que hemos sido aún es algo y no nada. Si con el pasar del tiempo aquel que fuimos dejase de ser y se aniquilara ¿cómo podríamos sentir una diferencia con él? Y sin embargo la sentimos. Por lo tanto, aquel que fuimos no se ha vuelto nada por pasar: queda. El tiempo pasa y queda, porque para sentir su paso, el pasado ha de quedar.

Pero si es así ¿dónde está? ¿Dónde encontrar ese pasado insistente del que pocos nos hablan y muchos creen irremediablemente perdido? No es necesario ir a buscarlo porque nunca se perdió. Esta ahí mismo, prendido en el sentir.

Por lo tanto, nada de melancolías por el paso del tiempo, sino más bien serenidad. Y para disfrutarla, basta sentir el paso del tiempo. Sentir cómo se distingue de sí mismo y, en el mismo proceso, cómo se reúne consigo. Sentir cómo no cesa de irse y de volver, de despedirse y de regresar, siendo la diferencia incesante de su pasar el lugar de cita para todas las cosas.

¿No es todo esto una buena razón para celebrar el paso del tiempo? Su celebración tiene sentido porque el tiempo no pasa sin quedar.

Y una vez contada nuestra historia , sólo nos queda decir: ¡feliz despedida del viejo año y entrada en el nuevo!


domingo, 28 de diciembre de 2014

Los faros, poema de Baudelaire

Baudelaire
VI Los Faros

Rubens, río de olvido, jardín de la pereza,
fresca almohada de carne, donde amar no se puede,
mas la vida ahí afluye y sin tregua se agita,
como el aire en el cielo, y la mar en la mar;

Leonardo da Vinci, sobrío y hondo espejo,
en que hechiceros ángeles, con su dulce sonrisa,
cargada de misterio, se muestran en la sombra
de glaciares y pinos que cierran sus países;

Rembrandt, triste hospital preñado de murmullos,

solamente adornado con un gran crucifijo,
donde en llanto se exhala la oración de estiércol,
y que un rayo de invierno bruscamente atraviesa;

Miguel Ángel, lugar incierto en que los Hércules

se mezclan a los Cristos, y donde en pie se alzan
fantasmas poderosos que al llegar el crepúsculo
desgarran su mortaja con los dedos crispados;

iras de boxeador, impudores de fauno,

tú que supiste ver la belleza canalla,
pecho hinchado de orgullo, hombre amarillo y débil,
Puget, de los forzados melancólico rey;

Watteau, ese carnaval donde, cual mariposas,

ilustres corazones resplandeciendo vuelan,
ligeros decorados alumbrados por lámparas
que la locura vierten sobre le baile que gira;

Goya, la pesadilla de ignotas cosas llena,

fetos que se cocinan en medio del sabbat,
viejas ante el espejo, niñas todas desnudas,
que las medias se ajustan tentando a los demonios;

Delacroix, sanguinoso lago de ángeles malos,

umbrado por un bosque de abetos siempre verdes,
donde extrañas fanfarrias, bajo un cielo de pena
cruzan, como un suspiro sofocado de Weber;

estas blasfemias, estas maldiciones y quejas

estos éxtasis, gritos, llantos, estos Te Deum,
son un eco que mil laberintos repiten;
¡del corazón mortal son un opio divino!

¡Es por mil centinelas un grito renovado,

una orden que mil pregoneros propagan;
en un faro encendido sobre mil ciudadelas,
grito de cazadores en la selva perdidos!

¡Pues, Señor, es sin duda el mejor testimonio

que podríamos dar de nuestra dignidad
este ardiente sollozo que rueda por los siglos,
y que muere en el borde de vuestro ser eterno!




VI. Les Phares

Rubens, fleuve d'oubli, jardin de la paresse,
Oreiller de chair fraîche où l'on ne peut aimer,
Mais où la vie afflue et s'agite sans cesse,
Comme l'air dans le ciel et la mer dans la mer;

Léonard de Vinci, miroir profond et sombre,
Où des anges charmants, avec un doux souris
Tout chargé de mystère, apparaissent à l'ombre
Des glaciers et des pins qui ferment leur pays;

Rembrandt, triste hôpital tout rempli de murmures,
Et d'un grand crucifix décoré seulement,
Où a prière en pleurs s'exhale des ordures,
Et d'un rayon d'hiver traversé brusquement;

Michel-Ange, lieu vague où l'on voit des Hercules
Se mêler à des Christs, et se lever tour droits
Des fantômes puissants qui dans les crépuscules 
Déchirent leur suaire en étirant leurs doigts;

Colères de boxeur, impudences de faune,
Toi qui sus ramasser la beauté des goujats,
Grand coeur gonflé d'orgueil, homme débile et jaune,
Puget, mélancolique empereur des forçats;

Watteau, ce carnaval où bien des coeurs illustres,
Comme des papillons, errent en flamboyant,
Décors frais et légers éclairés par des lustres
Qui versent la folie à ce bal tournoyant;

Goya, cauchemar plein de choses inconnues,
De foetus qu'on fait cuire au milieu des sabbats,
De vieilles au miroir et d'enfants toutes nues, 
Pour tenter les démons ajustant bien leurs bas;

Delacroix, lac de sang hanté des mauvais anges,
Ombragé par un bois de sapins toujours vert,
Où, sous un ciel chagrin, des fanfares étranges
Passent, comme un soupir étouffé de Weber;

Ces malédictions, ces blasphémes, ces plaintes,
Ces extases, ces cris, ces pleurs, ces Te Deum,
Sont un écho redit par mille labyrinthes;
C'est pour les coeurs mortels un divin opium!

C'est un cri répété par mille sentinelles,
Un ordre renvoyé par mille porte-voix;
C'est un phare allumé sur mille citadelles,
Un appel de chasseurs perdus dans les grands bois!

Car c'est vraiment, Seigneur, le meilleur témoignage
Que nous puissions donner de notre dignité
Que cet ardent sanglot qui roule d'âge en âge
Et vient mourir au bord de votre éternité!


(El texto en francés es el original publicado en Las flores del mal. La traducción al castellano pertenece a la edición bilingüe de Alain Verjat y Luis Martínez de Merlo publicada en Cátedra , edición de 2010).



martes, 23 de diciembre de 2014

Las fiestas

Las fiestas, con su repetición insistente, con su regreso constante, no dejan de recordarnos que no solo hay un calendario, sino dos, y que tampoco hay un solo tiempo, pasajero y fugaz, sino otro más que vuelve y regresa, y que nosotros andamos entremedias, con un pie el lo móvil de los días y otro en la eternidad insistente de los acontecimientos que retornan, como las fiestas.

Feliz Navidad.

jueves, 11 de diciembre de 2014

El ser humano en Descartes

"Pero yo ¿qué soy, ahora que supongo que hay alguien que es extremadamente poderoso y, si me atrevo a decirlo, maligno y astuto, que emplea todas sus fuerzas y toda su industria en engañarme? ¿Puedo estar seguro de tener la menor de todas esas cosas que acabo de atribuir a la naturaleza corporal? Me paro a pensar en ello con atención, recorro y repaso todas esas cosas en mi mente y no encuentro ninguna de la que pueda decir que está en mí. No es necesario que me detenga a enumerarlas. Pasemos, pues, a los atributos del alma, y veamos si hay algunos que estén en mí. Los primeros son alimentarse y caminar; pero si es cierto que no tengo cuerpo también lo es que no puedo caminar ni alimentarme. Otro es sentir, pero tampoco se puede sentir sin el cuerpo, además de que, anteriormente, he creído sentir varias veces cosas durante el sueño que, al despertarme, he reconocido no haber sentido en absoluto realmente. Otro es pensar; y encuentro aquí que el pensamiento es un atributo que me pertenece: es el único que no puede ser separado de mí. "Soy, existo": esto es cierto; pero ¿durante cuanto tiempo? A saber: tanto tiempo mientras piense; ya que, quizás, podría ocurrir que si cesara de pensar cesaría al mismo tiempo de ser o de existir. No admito ahora, pues, nada que no sea necesariamente verdadero: yo no soy, pues, hablando con precisión, más que una cosa que piensa, es decir, una mente, un entendimiento o una razón, que son términos cuyo significado anteriormente me era desconocido. Ahora bien, yo soy una cosa verdadera y verdaderamente existente; pero ¿qué cosa? Ya lo he dicho: una cosa que piensa".


                                                                          Descartes, Meditaciones metafísicas.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El ser humano en José Antonio Marina

"Lo real no nos basta. Nos sostiene, nos impulsa, nos limita, nos da alas, pero no nos basta. La inteligencia inventa sin parar posibilidades reales, que no son fantasías, sino ampliaciones que la realidad admite cuando la integramos en nuestros proyectos. El mar, gran obstáculo, puede convertirse en medio de comunicación. Y el ligero aire puede soportar nuestro peso y nosotros volar. El agua del río puede convertirse en luz y la imponente montaña en catedral. La realidad entera queda en suspenso esperando que el ser humano acabe de darle luz.

¿Entonces las cosas no son lo que son? Según y cómo. Son lo que son y lo que pueden ser. ¿Y el hombre? Lo mismo. Somos nuestras propiedades reales y el impredecible despliegue de nuestras posibilidades. Híbridos de realidad y posibilidad, somos ciudadanos compartidos de la realidad y el deseo”.

                                                                  J.A. Marina, Ética para náufragos.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Nota sobre los límites, las ilusiones y la realidad

La realidad está constituída por límites que distinguen en ella los ámbitos más diversos: el éxito y el fracaso, el poder y la debilidad, la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, la locura y la razón.

Creer en ilusiones acerca la realidad consiste en afirmar la posibilidad de vivir sólo un lado del límite, manteniéndonos a salvo del otro.

Desprenderse de ilusiones sobre la realidad consiste en descubrir que nada nos libra de los dos lados del límite y de su naturaleza paradójica.

Y significa también descubrir que tal experiencia no es algo de lo que nos debamos librar.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Test sobre los tipos de acción

El siguiente test trata sobre algunos tipos de acción clasificados por Aristóteles como acciones voluntarias, forzosas y mixtas. Será evaluable y sólo podrás contestarlo en el tiempo de clase reservado a esta tarea.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Un relato fantástico creado por 1ºB

María salió a pasear. Necesitaba despejarse un poco después de estudiar para el examen y comenzó a caminar sin un rumbo definido. Después de un rato se encontró en una calle desconocida. Le llamó la atención una pequeña tienda, pero aún más el cartel de la entrada. Aquel cartel decía:

"Se venden cabezas".

 No había nadie en la calle. La tienda estaba abierta, pero vacía. ¿Se atrevería a entrar? Con una mezcla de curiosidad y miedo, abrió la puerta y entró. De repente...