jueves, 3 de noviembre de 2016

Un texto de Platón comentado

"Pues bien, querido Glaucón –proseguí–, esta imagen debemos aplicarla enteramente a lo que antes se dijo. El mundo que aparece a nuestra vista es comparable a la caverna subterránea, y la luz del fuego que hay en ella al poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de él, si las comparas con la ascensión del alma al mundo inteligible no errarás respecto a mi conjetura, ya que deseas conocerla. Sólo Dios sabe si por ventura es verdadera. Lo que a mí me parece es lo siguiente: en el límite extremo del mundo inteligible está la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero, una vez contemplada, es necesario concluir que ella es la causa de todo lo recto y bello que existe; que,mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y el soberano de ella, en el mundo inteligible es ella misma la soberana y dispensadora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario que la vea bien quien quiera conducirse sabiamente tanto en la vida privada como en la pública".
                                                                                             Platón, República, Libro VII 


En este texto encontramos las siguientes ideas:

1) El mundo que percibimos a través de los sentidos, como el de la vista, es semejante al interior de la caverna, del mismo modo que el fuego en ella se asemeja al sol.

2) El ascenso del esclavo por el camino que lleva del interior al exterior de la caverna se asemeja al camino ascendente del alma desde el mundo sensible al inteligible en busca del verdadero conocimiento.

3) La idea del Bien, encontrada por el alma en el límite del mundo inteligible, es causa de todo lo recto y bello que existe, fuente de toda verdad e inteligencia, y engendradora en el mundo visible de la luz y de su soberano, el sol.

4) Aquella persona que quiera conducirse con sabiduría en los diversos asuntos de su vida, tanto privada como pública, debe conocer esta Idea del Bien para lograr su objetivo.


La relación que hay entre estas ideas es la siguiente:

Tanto la primera idea como la segunda describen semejanzas entre el mito de la caverna y el camino del alma en su búsqueda del verdadero conocimiento. El interior de la caverna es el mundo sensible (primera idea) que el alma deja atrás para conocer el exterior , es decir, el mundo inteligible presidido por el Bien (segunda idea). La tercera idea es una explicación de la naturaleza y la función de la Idea del Bien: como causa de todo lo recto y bello que existe, ella es creadora de la luz y del sol del mundo sensible, así como fuente de toda verdadero conocimiento en el mundo inteligible. La cuarta idea es una consecuencia de la tercera. Siendo la idea del Bien fuente de toda rectitud y verdad, es necesario conocerla para conducirse con esa misma rectitud y verdad, es decir con sabiduría, en todos los ámbitos de la vida.

martes, 11 de octubre de 2016

Esclavos, cadenas y responsabilidades

Tras comentar en una clase de Bachillerato el mito de la caverna de Platón, descubro que la mayoría de los alumnos se sienten como los esclavos del relato. Los exámenes, las normas del centro, los padres, la presión social y la preocupación por el futuro son las cadenas que les obligan a permanecer en el fondo de la caverna, es decir, del aula.

Pero a lo largo de la discusión recuerdan que están en una enseñanza no obligatoria. Tras un largo debate sobre lo obligatorio y lo elegido llegamos a una conclusión:

Para un adulto (o alguien ya muy cerca de serlo) una obligación impuesta es una cadena; una obligación elegida es una responsabilidad. Y las resposabilidades son asunto de hombres y mujeres libres, no de esclavos.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Dos tipos de cosas

"En el tercer capítulo de Diferencia y repetición, al hilo de un fragmento de la República de Platón, Deleuze distingue dos tipos de cosas: las que dejan al pensamiento tranquilo y las que fuerzan a pensar. Las primeras son el objeto de un reconocimiento, el reconocimiento que apacigua la momentánea inquietud ante lo que a primera vista o en la distancia tal vez pareciera desconocido, extraño -la tranquilidad adviene, por ejemplo, cuando Sócrates reconoce a quien se acerca y profiere: “Buenos días, Teeteto”-. Las segundas, sin embargo, no se dejan reconocer, pues no encajan en el molde de lo que se sabe o se cree saber. Y lejos de inducir sosiego alguno, violentan al pensamiento y lo ponen en marcha al confrontarlo con algo ignoto que, por ser tal, desquicia el proceder habitual de nuestras facultades. Ya no se trata del objeto de un reconocimiento, de una maniobra calculada y prevista, sino de lo que Deleuze llama un encuentro. Este nombre, “encuentro”, encierra una multiplicidad de matices: uno se encuentra en presencia de algo sin haberlo buscado, bajo el signo de la coincidencia, pero también bajo la presión de un choque que ejerce una cierta violencia por contravenir lo que en principio se esperaba y porque no se dispone de medios para hacerle frente; por otra parte, un encuentro es también un contacto que desemboca en una unión y puede dar lugar a una creación".



Me pregunto que tipo de cosa será el hecho de vivir: ¿algo que deja al pensamiento tranquilo o algo que fuerza a pensar? Lo hablaré con mis alumnos al comienzo del curso.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Deseamos realmente ser felices?

La respuesta a esta pregunta no es tan clara como podríamos pensar. Basta considerar muchas de las elecciones que tomamos en nuestra vida. ¿Realmente buscan la felicidad? ¿Tiene razón Aristóteles cuando nos dice que es ella nuestro fin último? La discusión es compleja. Nietzsche ya dejó escrito en algún lugar que el ser humano no busca ser feliz, sino crear. En esa misma dirección se mueve la siguiente reflexión del filósofo Slavoj Zizek: 


martes, 28 de junio de 2016

Enfadarse correctamente

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”

Aristóteles, Ética a Nicómaco.

viernes, 10 de junio de 2016

El movimiento de las estrellas (o cómo descubrir las esferas de Aristóteles)

Mientras repaso un tema de Aristóteles para Bachillerato me encuentro de nuevo con una de sus ideas sobre el Universo. Para él, el Universo está formado por un conjunto de esferas. La exterior alberga a las estrellas fijas y, dentro de ella, otras esferas móviles arrastran en su giro al resto de estrellas que podemos observar a nuestro alrededor. En su punto central se encuentra inmovil la Tierra, nuestro hogar. Alguien muy ingenuo y con poco espíritu crítico puede considerar infantil e injustificada esta visión del Cosmos. Sin embargo basta recordar que nuestra comprensión de la Naturaleza ha estado limitada durante siglos por los datos de nuestros sentidos, sin las ampliaciones y los desarrollos que la tecnología actual nos ofrece para conocer el mundo a escalas insospechadas. Por esa razón te proponemos lo siguiente. Para descubrir las esferas de Aristóteles olvídate de microscopios y telescopios, abre los ojos y sólo con ellos observa el movimiento nocturno de las estrellas. 

Y si necesitas ayuda, estos videos te lo ponen más fácil aún. Disfrútalos:






En Chile:







miércoles, 18 de mayo de 2016

Contenidos del curso de Filosofía



Tarea para los grupos de trabajo: completar y concretar este esquema según las indicaciones dadas en clase.

martes, 10 de mayo de 2016

Miradas

Escribe Tzvetan Todorov en "La vida en común":

"El niño busca captar la mirada de su madre no solamente para que ésta acuda a alimentarle o a reconfortarle, sino porque esa mirada en sí misma le aporta un complemento indispensable: le confirma en su existencia. (...) Como si supieran la importancia de ese momento -aunque no es así- el padre o la madre y el hijo pueden mirarse durante largo rato a los ojos; esa acción sería completamente excepcional en la edad adulta, cuando una mirada mutua de más de diez segundos no puede significar más que dos cosas: que las dos personas van a batirse o a hacer el amor".


Se trata de la convivencia: duelo a muerte y dúo de amor en una sola mirada.

martes, 12 de abril de 2016

Un comentario escolar sobre un texto de Nietzsche

El mayor acontecimiento reciente -que “Dios ha muerto”- (…) empieza desde ahora a extender su sombra sobre Europa. Al menos, a unos pocos (…), les parece efectivamente que acaba de ponerse un sol, que una antigua y arraigada confianza ha sido puesta en duda. Nuestro viejo mundo debe parecerles cada día más crepuscular, más dudoso, más extraño, "más viejo" (…) Estas consecuencias inmediatas no son para nosotros (…) de ninguna manera tristes, opacas ni sombrías; son más bien como una especie de luz, una felicidad, un alivio(…). Efectivamente, los filósofos, los "espíritus libres", con la noticia de que el "viejo Dios ha muerto" nos sentimos como alcanzados por los rayos de una nueva mañana (…). Ahí está el horizonte despejado de nuevo, aunque no sea aún lo suficientemente claro; ahí están nuestros barcos dispuestos a zarpar, rumbo a todos los peligros; ahí está toda nueva audacia que le está permitida a quien busca el conocimiento; y ahí está el mar, nuestro mar, abierto de nuevo, como nunca”.
Nietzsche. La Gaya Ciencia.


En este texto el autor reflexiona sobre el problema de la muerte de Dios.



1. Exponer las ideas fundamentales del texto y la relación que hay entre ellas.

En este texto encontramos las siguientes ideas:1) La muerte de Dios, entendida como acontecimiento y noticia con la que se cumple el destino de la cultura occidental, empieza a tener efectos y consecuencias sobre el horizonte cultural europeo.

2) Las consecuencias de la muerte de Dios son el final de la antigua confianza en la que se basa nuestro mundo por su puesta en duda y su revelación como un mundo viejo y caduco, que está llegando a su fin.

3) Estas consecuencias no son necesariamente negativas. Para los espíritus libres, la muerte de Dios significa la apertura de un nuevo horizonte dispuesto a ser recorrido por quien busca con audacia afrontar los peligros del conocimiento. Se abren de nuevo posibilidades inéditas de vida y pensamiento.


La relación entre estas ideas es la siguiente. Se plantea en él una primera idea según la cual se afirma el acontecimiento de la muerte de Dios (idea 1). A continuación (idea 2), se extraen de esa afirmación dos consecuencias. La primera consecuencia es el fin de la confianza en la que se basa nuestro mundo. La segunda es la aparición de nuestro mundo como caduco y terminado. En último lugar (idea3) se valoran estas consecuencias como algo positivo para aquellos espíritus libres que buscan el conocimiento porque el horizonte abierto con la muerte de Dios implica que es posible pensar de nuevo.




sábado, 9 de abril de 2016

Las palabras


"Algunas palabras eran duras como piedras y otras se deshacían como la espuma al contacto con la lengua. De otro lado, enseguida advertí también que una palabra podía arreglarte el dia o estropeártelo porque había palabras que curaban y palabras que mataban, palabras que te hacían reír o que te hacían llorar, palabras que te adormecían o que te provocaban insomnio. Descubrí con asombro que las palabras dirigían la vida de los hombres, ya que, lejos de conquistarlas, según creíamos, eran ellas las que nos colonizaban. En gran medida, estamos hechos, o deshechos, de palabras".

Juan José Millas.

domingo, 3 de abril de 2016

Sobre la evolución del Cosmos

Nuestra vida, con sus decisiones y sus caminos, con sus posibilidades y sus límites, tiene lugar en el seno de un inmenso conjunto de realidades diferentes entre sí –minerales, astros, otros seres vivientes- cuya unidad recibe el nombre de Cosmos. Desde la gran explosión hasta hoy, a lo largo de 10.000-20.000 millones de años, el Cosmos se ha ido constituyendo como estructura cambiante e inconclusa. ¿Podemos hoy, a la luz de los saberes actuales, afirmar algo razonable acerca de su evolución? 

Para responder a esta pregunta hemos de detenernos en la palabra “evolución”. Su origen se encuentra en el término latino “evolutio”, que significaba la acción de desenrollar un papiro para ir leyendo lo escrito en él. Este término se introdujo en el lenguaje científico para describir la historia natural de los seres vivos, entendida como el desarrollo de una forma preexistente (preformacionismo). A finales del siglo XVIII cambia su sentido y pasa a designar la sucesiva aparición de formas vivientes nuevas, acercándose al significado actual, el cual designa el proceso genético en cuya virtud se ha ido constituyendo el Cosmos en su totalidad. Galaxias, astros y seres vivientes se han formado en el curso de la evolución del Cosmos.

¿En qué consiste esta evolución? Siguiendo a Laín Entralgo, la evolución del Cosmos consiste en un dinamismo en el que podemos distinguir modos y niveles diversos (materialización, estructuración, variación, etc), pero en todos ellos el dinamismo cósmico consiste en un dar lugar -dando de sí- a la existencia de algo que antes no existía. La condición dinámica y evolutiva del Cosmos se va realizando en diferentes estados –el elemental, el atómico, el molecular, el viviente, el inteligente- dotados de propiedades nuevas no reducibles a la suma o combinación de las propiedades observables en los estados anteriores. Ante los átomos de oxígeno e hidrógeno nadie podría anunciar la aparición del agua. Ante la sopa prebiótica nadie podría predecir la formación de la célula. La evolución del Cosmos es, en este sentido, un dinamismo productor de novedades.

¿Cuál es la meta o fin de ese proceso evolutivo? En este texto nos planteamos la siguiente posibilidad. La meta o fin del proceso evolutivo del Cosmos no está en ninguna realidad originada en su decurso, sino en su propio dinamismo, que se cumple modulado en cada realidad que da de sí. En consecuencia, nuestra vida, con sus decisiones y sus caminos, con sus posibilidades y sus límites, acontece en el seno de una plenitud fecunda que da de sí nuevas realidades: el Cosmos.

domingo, 27 de marzo de 2016

Llegar a ser alguien

Érase una vez, hace mucho tiempo, un modesto carpintero llamado Jesús que vivía en el pueblo de Nazareth. Nazareth era una pobre y pequeña aldea olvidada en un extremo lejano del Imperio Romano, tan insignificante como lo eran sus habitantes. Jesús no destacaba entre ellos por su riqueza, por ser un gran carpintero o por su papel en la comunidad. Él sentía que allí, perdido en aquel rincón olvidado del mundo, no era nadie. Pero quería ser alguien, así que pensó cómo lograrlo y eligió estudiar para ser rabí, maestro. Si quería ser alguien como aquellos hombres sabios debería aprender a leer y a escribir, debería estudiar lenguas y los textos sagrados, y así lo hizo. Se dedico a ello con tesón y esfuerzo, ocupando en la tarea todo su tiempo. Los niños de Nazareth con los que antes jugaba querían acercarse a él, pero él, pasados unos minutos, los dejaba para volver a sus estudios y llegar a ser alguien. Una vez, cuando caminaba apresurado hacia Jerusalén para conseguir un libro en la sinagoga, se encontró con un hombre herido en el camino y abandonado a su suerte. Llevado por la prisa, curó su herida pero le dejó allí, avisando a las gentes del siguiente pueblo para que fueran a socorrerle. En otra ocasión, regresando a su casa con muchos pergaminos para estudiar, se cruzó con una prostituta a la que unos hombres iban a lapidar. Sin dejar de correr, pues no podía distraerse, gritó a los hombres que la rodeaban: ¿acaso estáis vosotros libres de culpa? Pero iba alejándose de ellos, de modo que ninguno llegó a escuchar todas sus palabras.
Tras muchos años de duro esfuerzo e intenso trabajo aprendió a leer y a escribir en muchas lenguas, dominó los secretos de los textos sagrados y comenzó a ser reconocido por todos como un hombre sabio. Al llegar a la vejez, la fama de su nombre se había extendido por todo el país y desde muy lejos llegaban personas que lo buscaban para aprender. Por fin sentía que era alguien. Un día, cuando era ya muy anciano, enfermó y sus fuerzas le abandonaron. No sentía pesar ante la cercanía de la muerte porque había conseguido ser alguien. Cuando aquella noche notó que sus últimas fuerzas desaparecían y sus párpados se cerraban, escuchó una voz.
-Jesús, Jesús... -dijo la voz-, te has pasado la vida buscando llegar a ser alguien y por fin lo has conseguido, pero siempre fuiste alguien desde que mi amor te nombró. Siempre has sido mi hijo bienamado, mi sueño hecho carne, el signo de mi alegría, clara y luminosa, presente entre los hombres. Siempre fuiste mis ojos y mis manos en este mundo, puestas en él para compartir y curar, para sanar y abrazar. ¿No me escuchabas en las voces de los niños, en el lamento del abandonado, en el temor de la perseguida? ¿Por qué no reconociste en su rostro mi rostro y en su presencia la mía? ¿Por qué creíste que no eras nadie? Pero ya no importa. Ha llegado el momento de descansar. Cierra los ojos tranquilo, mi hijo querido, mi sueño de amor.
Y Jesús cerró sus ojos.

lunes, 14 de marzo de 2016

Devenir sensible y devenir conceptual

Deleuze/Deleuze
"El devenir sensible es el acto a través del cual algo o alguien incesantemente se vuelve otro (sin dejar de ser lo que es), girasol o Acab, mientras que el devenir conceptual es el acto a través del cual el propio acontecimiento común burla lo que es. Éste es la heterogeneidad comprendida de una forma absoluta, aquél la alteridad introducida en una materia de expresión".
( Gilles Deleuze, Percepto, afecto y concepto).

lunes, 7 de marzo de 2016

Un texto de Rousseau sobre la igualdad social

Rousseau
"La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a regularlo? Como, precisamente, la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, hay que hacer que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.” 

Jean-Jacques Rousseau. El contrato social.



Si, pero... ¿Por qué se dice que esa igualdad "no puede existir en la práctica"? ¿Por qué "el abuso es inevitable"? ¿Por qué "la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad"? ¿Por qué la legislación ha de ser su contrapoder?

Estas cuestiones nacen de una pregunta previa: ¿cómo el abuso, siendo una posibilidad entre otras de la vida social, se ha convertido para nuestros ojos en "la fuerza de las cosas"?

viernes, 12 de febrero de 2016

Diario de clase: una falacia sobre responsabilidad política y responsabilidad penal.

Estudiando diversos tipos de falacias en 1º de bachillerato, un grupo de alumnos presenta la siguiente falacia por ambigüedad:

El político X, imputado en un importante caso de corrupción,  no debe asumir ninguna responsabilidad hasta que un tribunal pruebe los hechos de los que se le acusa.

¿Por qué nos encontramos aquí con una falacia? ¿No es justificada la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario?

Se trata de una falacia porque identifica dos conceptos de responsabilidad que es necesario distinguir (de ahí la ambigüedad). El argumento confunde responsabilidad penal y responsabilidad política, siendo diferentes entre sí.

La responsabilidad penal presupone la inocencia hasta que se demuestra la culpabilidad, mientras que la responsabilidad política, basada en la confianza de los ciudadanos, es compatible con la inocencia. No hay falacia de ambigüedad al exigir responsabilidades políticas por no haber respondido adecuadamente a la confianza ciudadana aunque no se haya probado hasta el momento delito alguno.

El interés de esta falacia es obvio en el momento actual. Los alumnos han realizado un buen ejercicio.

viernes, 29 de enero de 2016

Tiempo renaciente

La experiencia común del paso del tiempo es la de una sucesión de instantes, etapas, fases que se siguen las unas a las otras, según un orden de anterioridad y posterioridad que consideramos irreversible. El tiempo pasa, se suceden las horas, los días, los años, las vidas, las generaciones, y decimos con Homero aquello de:
Cual la generacion de las hojas, asi la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generacion humana nace y otra perece.
Pero esto nunca nos ha bastado. Si el tiempo sólo es sucesión y todo pasa, pasan nuestros anhelos, nuestras vidas, todo cuanto ve la luz y el olvido se adueña de todo. ¿Es ésa la última palabra sobre la naturaleza del tiempo? ¿Debemos conformarnos con ella y adaptar nuestra vida a esa verdad?
No es necesario conformarse ni hay que buscar lo eterno como si acaso nos faltara. No sólo ciertos filósofos y poetas sino generaciones de seres humanos antes que nosotros se han procurado vías, caminos y medios para lograr acceder a otro tiempo, distinto del tiempo de la sucesión pero relacionado con él, en el que lo que sucede es una realidad siempre viviente, que se hace presente cada vez que se accede a ella sin quedar agotada en su presentación, cuyo pasar no es irreversible porque siempre puede volver. Se trata del tiempo al que se refieren los mitos, los cuentos y su “érase una vez...”, los arquetipos, las celebraciones, la poesía, el teatro, el ejercicio del pensamiento, un tiempo en el que el orden de la sucesión queda trastocado, en el que lo que una vez fue volverá a ser, en el que el pasado es un futuro que quiere de nuevo hacerse presente, un tiempo que acompaña al presente de la sucesión como una posibilidad pura que nunca se agota ni se presenta del todo, siempre ya pasada y aún por venir, pasando sin terminar de pasar.

Los seres humanos se han procurado el acceso a ese tiempo determinando un lugar propicio para el encuentro, el templo, un momento adecuado, la fiesta, y una acción mediante la cual arribar al tiempo renaciente, el ritual. Cuando en el templo, durante la fiesta y mediante el ritual, el acceso a ese tiempo incesante se cumple, el carácter irreversible de la sucesión queda cancelado y todo puede volver a comenzar. Es el tiempo del perdón, del olvido, del nacimiento, de la vida nueva. El tiempo mismo renace de sí, como hijo de sí mismo. Nuestros calendarios apenas guardan la huella de esa experiencia. Sin embargo, su posibilidad sobrevuela cada segundo, cada día y, en definitiva, cada vida.

lunes, 25 de enero de 2016

¿Qué hacer cuando la vida no nos da lo que queremos?

Despertar
La radio está puesta. La voz de la locutora presenta el tema de un debate que ocupará los próximos minutos del programa. Dice así: ¿qué hacer cuando la vida no nos da lo que queremos? Quisiera escuchar el debate, pero otras circunstancias me lo impiden. Sin embargo hoy, al recordar durante un instante la pregunta, encuentro una respuesta breve, para desarrollar más adelante. La anoto antes de olvidarla.


Cuando la vida no nos da lo que queremos, podemos hacer tres cosas. La primera, crecer, porque el niño caprichoso que somos a cualquier edad ha de dar paso al adulto. La segunda, despertar, porque podemos estar prisioneros de un sueño que nos aleja de la realidad, condenándonos a una insatisfacción perpetua si no salimos de su embrujo. La tercera, crear, es decir, dejar que de ti nazca algo nuevo, distinto de la mera prolongación de tu presente y de tu pasado, porque en el crear, en el dejarse nacer, se encuentra la verdadera respuesta al anhelo humano.

martes, 19 de enero de 2016

Diario de clase: ¿hay algo indudable en este mundo?

Estudiando el tema de Descartes con los alumnos de 2º de bachillerato les planteo una pregunta como actividad: ¿hay algo indudable en este mundo? El ejercicio no consiste sólo en responder a esta pregunta sino, a continuación, en tratar de cuestionar con algún argumento esa supuesta evidencia, porque filosofar implica poner en duda lo evidente..

Desde entonces no he podido quitarme "la pregunta de la cabeza". Y la respuesta más inmediata que encuentro coincide con la de la mayoría de los alumnos. Lo indudable para ellos es, en primer lugar, la muerte y en segundo lugar una verdad matemática como 1+1 = 2.

A continuación viene el problema  porque hay que intentar poner en cuestión la supuesta evidencia de esas dos verdades. Pero ¿es posible? ¿Hay algún argumento capaz de cuestionar la evidencia de la muerte y de una suma sencilla como 1+1=2?  Vamos a intentarlo empezando por la suma.

1+1= 2 es una verdad indudable en el ámbito de la aritmética, pero no en otros contextos. Si operamos con números binarios, 1+1=10. En el álgebra de Boole, 1+1=1. Si operamos con los números entendiéndolos como objetos, 1+1=11.

Por lo tanto, estos tres ejemplos nos enseñan que no podemos afirmar sin más lo indudable de 1+1=2. Hay que referir esta operación a un contexto determinado para que se cumpla o no su supuesta evidencia. En este caso, a la aritmética.

¿Ocurrirá lo mismo con la muerte? Hagamos la prueba.

Solemos afirmar lo indudable de la muerte y la entendemos como el cese de las actividades vitales de un individuo. Pero esa definición de "muerte" supone una definición previa de "vida" y no hay una única manera de definirla, sino al menos tres: como proceso físico-químico, como fenómeno espiritual y como realidad emergente.

Podemos entender la vida como un conjunto de procesos físico-químicos que permiten a un organismo independizarse de su medio y poseer un control específico sobre él. En este caso, la muerte, como cese de esa independencia y control, consiste en una disolución del individuo en el medio. Se trata de una concepción monista para la cual la muerte es disolución.

Ahora bien, podemos entender los procesos vitales que permiten la autonomía del organismo respecto de su medio como procesos dependientes de su base físico-química pero irreductibles a ella. En este sentido, la vida está presente en la materia pero no coincide con ella debido a su carácter inmaterial o espiritual. Por lo tanto, la muerte consiste no en disolución, sino en separación entre la realidad espiritual y la material. Se trata de una concepción dualista para la cual la muerte es separación.

En tercer lugar podemos comprender la vida como conjunto de propiedades de una realidad material inmersa en un proceso evolutivo cuyo dinamismo se articula en niveles diferentes –el elemental, el atómico, el molecular, el viviente, el inteligente- dotados de propiedades nuevas no reducibles a las propiedades de los estados anteriores. La evolución es producción de novedades.  En este sentido, la muerte consiste en la diferenciación de un nivel de realidad respecto del precedente, que insiste sin embargo en él. Se trata de una concepción emergentista para la cual la muerte es diferenciación.

Teniendo en cuenta lo anterior ¿en qué consiste la evidencia de la muerte? ¿En la disolución del individuo en su medio? ¿En la separación del alma y el cuerpo? ¿En distinguirse de lo que se ha sido para ser de otro modo?

Confesamos nuestra simpatía por la tercera respuesta, sin que le falten dificultades por resolver. No reduce los procesos vitales a su base físico-química, olvidando su peculiaridad, pero tampoco afirma una realidad más allá de lo material para explicarlos, sino que concibe a la realidad misma como capaz de "dar de si" nuevas realidades, es decir, como fecundidad. Además, en el seno de tal fecundidad, dejar de ser lo que se fue (morir) y comenzar a ser lo que será (nacer) se muestran como dos dimensiones inseparables de un mismo devenir.

viernes, 8 de enero de 2016

Un test sobre inteligencia emocional

Se suele definir la inteligencia emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar las emociones, tanto en uno mismo como en los demás, no tanto para negarlas sino para encauzarlas y dirigirlas positivamente.

La inteligencia emocinal posee dos dimensiones: la intrapersonal y la interpersonal. Sus competencias son la conciencia de uno mismo, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales.

¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de tu inteligencia emocional? Puedes encontrar una orientación, sin valor diagnóstico, en el siguiente test: