sábado, 15 de enero de 2011

Destino y luz.

"Ducunt volentem fata, nolentem trahunt" escribe Séneca.
El destino conduce a quien lo acepta y arrastra a quien se resiste.
De ser cierto, nos planteamos una pregunta ¿En qué consiste ese destino que nos orienta, nos guía, nos sugiere e indica en la medida en que es aceptado y nos arrastra sin piedad cuando nos resistimos a él?

¿A qué nos invita el destino? Nos planteamos la pregunta, desconocemos la respuesta. 

Entonces la memoria involuntaria se despierta un instante y nos trae el recuerdo de unos versos de Goethe titulados "Anhelo dichoso". Dicen lo siguiente:

No se lo digáis a nadie,
sino tan sólo a los sabios,
que el vulgo siempre propende
a la burla y el sarcasmo;
pero al que ansía consumirse en la llama,
yo lo alabo.

En el frescor de las noches amorosas,
en el trueque plácido de las caricias,
al ver la vela que esplende
y el cuarto alumbra tranquila,
un extraño sentimiento más de una vez te acomete.

No quisieras seguir preso
en la sombra y las tinieblas,
y de una vida más alta
un ansia sientes violenta.

Para ti no hay ya distancias:
suelto y libre alzas el vuelo hacia la llama,
y al fin, igual que la mariposa,
en ella abrasas tu cuerpo.

Que mientras en ti cumplido no veas
el "¡Muere y transfórmate!",
serás en la oscura tierra
no más que un huésped borroso
que vaga entre las tinieblas.

Así traduce estos versos Cansinos Asséns.

Pero la sugerencia regalada por la memoria involuntaria continúa. Dos textos más aparecen. Uno de Nietzsche, "En las islas afortunadas":

"De tiempo y de devenir es de lo que hablan los mejores símbolos; ¡una alabanza deben ser y una justificación de todo lo perecedero!
Crear - esa es la gran redención del sufrimiento, así es como se vuelve ligera la vida. Mas para que el creador exista son necesarios sufrimiento y muchas transformaciones.
¡Sí, muchas amargas muertes tiene que haber en nuestra vida, creadores! De ese modo sois defensores y justificadores de todo lo perecedero.
Para ser el hijo que vuelve a nacer, para ser eso el creador mismo tiene que querer ser también la parturienta y los dolores de la parturienta.
¡En verdad, a través de cien almas he recorrido mi camino, y a través de cien cunas y dolores de parto. Muchas son las veces que me he despedido, conozco las horas finales que desgarran el corazón.
Pero así lo quiere mi voluntad creadora, mi destino. O para decíroslo con mayor honestidad: justo tal destino - es el que mi voluntad quiere".

Y uno más, esta vez del evangelio de Juan:
"Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que (...)".

Estos son algunos de los textos. ¿Séneca, Goethe, Nietzsche, Jesús? ¿Tratarán estos textos de algo común?¿Serán cada uno de ellos respuestas diversas a un mismo destino?

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