lunes, 28 de febrero de 2011

El diablo y la verdad.

Aquelarre. Goya.
El diablo y un amigo suyo estaban paseando por la calle cuando vieron delante de ellos a un hombre que levantaba algo del suelo y, después de mirarlo, se lo guardaba en el bolsillo. El amigo preguntó al diablo: "¿Qué recogió ese hombre?" "Recogió un trozo de la Verdad", contestó el diablo. "Ese es muy mal negocio para ti, entonces", dijo su amigo. "Oh, no, en absoluto", replicó el diablo, "voy a dejar que la organice".

Tomado de Krishnamurti, La verdad es una tierra sin caminos.

El diablo y la verdad nos dan que pensar. ¿Qué significa organizar una verdad? ¿Es lo mismo organizar una verdad que transmitir una verdad? ¿Toda transmisión de una verdad implica su falsificación? ¿La institucionalización y la verdad son incompatibles? Si trabajas en el mundo educativo o participas de algún modo en él, estas cuestiones inquietantes requieren una respuesta.

2 comentarios:

Peregrinx dijo...

Ante esas preguntas, soy muy escéptico para encontrar una respuesta válida

Sin embargo, sobre aquella que trata de la institucionalización de la verdad y su incompatibilidad, puedo decir que en mi opinión cuanto más ``interiores´´ sean las verdades, de cada uno, se es más cercano a la Verdad. Aún con esto, creo que en algunos momentos la institucionalización de una verdad o de algo que se acerca a una verdad puede llegar a ser necesario, pues para hacer cambios profundos se necesita una gran plataforma de acción.

Creo que llegará un día en que no sea necesaria esa institucionalización, pero hasta entonces... menos escepticismo y más movimiento

José dijo...

Tal vez sucede que la verdad posee una dimensión que trasciende la institucionalización, pero que requiere de ella para renovarse y pervivir. Recuedo a Ortega y su texto sobre la falsedad del estudiar. Estudiar es una falsedad cuando consiste en aprender algo de lo que no se tiene necesidad alguna. Pero cuando se logra transmitir la necesidad que originó un cierto saber, todo cambia...