sábado, 16 de abril de 2011

El Quijote es un porvenir.

El Quijote de Gustave Doré.
Solemos entender el pasado como el resto apagado de lo que una vez fue un presente ya cumplido. Sin embargo, consideremos el siguiente ejemplo. El Quijote, en su primera parte, fue escrito en 1605 y pertenece en consecuencia a nuestro pasado. Ahora bien, ¿sabemos todo acerca de la obra, de su tiempo, de su autor? ¿Hemos disfrutado ya de todo lo que puede sugerirnos acerca de la literatura, de la vida, de la fantasía, de la locura, de la identidad, del valor, de la ilusión, de los proyectos, de los fracasos, de los éxitos, de los ideales de amor y de vida, de la realidad seca de ilusiones, de las ilusiones secas de realidad...? ¿Ha terminado ya de contarnos quiénes somos como herederos suyos? ¿Ha dejado ya de iluminar nuestro presente y nuestro futuro desde su lejano pasado? ¿Ha terminado nuestro diálogo con él? ¿No tenemos ya nada que contarnos ni que descubrirnos mutuamente? La respuesta es no. Pues bien, en la medida en que aún no ha terminado de hablarnos desde su pasado, el Quijote es un futuro que aún está por venir y nos espera, acompañándonos en nuestro camino. Tiene mucho que decirnos: no sabemos cuales serán sus futuras revelaciones. Desconocemos los sentidos con los que se presentarán de nuevo sus palabras.

Pues bien ¿no sucederá así con todo lo que llamamos "pasado"? ¿No seguirán ardiendo sus cenizas por debajo de los fríos rescoldos que lo cubren, enamoradas de un futuro que quiere hacerse presente? Verdadero polvo enamorado, al decir de Quevedo. De ser así, el futuro se convierte en un advenir que abre el presente como repetición de lo que fue, el pasado guarda un futuro posible y el tiempo sucesivo, Cronos implacable que devora a sus hijos, no es la última palabra sobre el tiempo.

Estábamos leyendo el Quijote cuando estas ocurrencias surgieron. Rápidamente tomamos nota de ellas ¿Cuántas más nos tiene reservadas? ¿Qué sorpresas nos depara aún? No lo sabemos y no cabe anticipación posible porque el Quijote es un verdadero futuro. El Quijote es un porvenir.

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