sábado, 29 de diciembre de 2012

Sobre el pasar de las cosas

Las cosas que pasan, ya sean alegres o tristes, banales o grandiosas, ocurren de forma sucesiva, según el antes y el después, en un orden irreversible, de modo que las cosas que ya han pasado, han pasado definitivamente y ni siquiera los dioses, dice Sófocles, pueden evitarlo. Nadie puede deshacer lo hecho. Cuando las cosas que pasan lo hacen de este modo, decimos que tienen una historia y esa historia cuenta cómo se suceden unas cosas después de las otras, pudiendo distinguirse en ese suceder etapas, fases y épocas.

Sin embargo, las cosas que pasan no sólo suceden así, en sucesión, de forma irreversible, una sola vez y “nunca más” . Algunas de ellas, a la vez que se alejan del presente hundiéndose en el pasado, se acercan a él desde su distancia, llamando a su puerta. Recuerdo, por ejemplo, el nacimiento de mi hija. Según el calendario, han pasado ya varios meses y su llegada se aleja, como todas las demás cosas que pasan, del presente. Pero a la vez, y sin saber bien cómo, no puedo dejar de reconocer que ese acontecimiento vuelve a irrumpir en él como si no hubiera pasado o, más bien, como si no dejara de pasar. Repentinamente vuelvo a sentir la alegría por su llegada, la impresión del primer encuentro, la sorpresa ante la expresión de sus ojos mirando por primera vez. ¿Qué puedo decir? Su nacimiento, ese acontecer, se me desdobla (no sé decirlo de otra manera) en un presente que pasa y se aleja y en un pasado que insiste en ser y en no dejar de pasar. Y lo mismo me pasa con otro ejemplo, tan distinto y a la vez tan parecido, el de la muerte de mi padre. Todo sucedió con una relativa rapidez. Una llamada de teléfono, acudir precipitadamente al hospital, dos días de incertidumbre… La fecha de su fallecimiento se aleja en el calendario, de manera que cuando lo miro, veo con sorpresa infinita como han pasado ya tantos meses desde aquel día y sin embargo, al mismo tiempo, no puedo dejar de sentir que aquello no deja de pasar, que esa despedida no cesa y que sigo viéndole partir.

Dicen que pensar es describir lo que se siente y ser fiel a ello. Si soy fiel a lo que siento acerca de las cosas y de su pasar, tengo que decir que las cosas pasan, unas tras otras, y cada una de ellas de una vez por todas, y así quedan consignadas en el calendario, en su fecha y su lugar, y a la vez, en un a la vez que no entiendo, no dejan de ser lo que son, no dejan de ocurrir, están pasando y por eso nunca llegan a pasar del todo, ni dejan de hacerlo.

Así lo siento, así lo pienso. De un lado, un orden irreversible de hechos que se suceden los unos a los otros. Del otro, un orden de insistencias que no dejan de pasar... y de quedar. Así pasan las cosas que pasan.