sábado, 28 de diciembre de 2013

Herodes y los inocentes

"Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos".
                                                                                        (Mt 2, 16)
 
¿Quién cumple hoy el papel de Herodes? ¿Y quién el de los inocentes?

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un nuevo comienzo

La natividad de Fra Angélico
No solemos reparar en la novedad que un nacimiento trae consigo al mundo en el que acontece. Por esa razón, en una fecha como ésta, es conveniente volver a leer a Hanna Arendt:
"Lo nuevo siempre se da en oposición a las abrumadoras desigualdades de las leyes estadí­sticas y de su probabilidad, lo nuevo aparece siempre en forma de milagro. El hecho de que el ser humano sea capaz de acción significa que cabe esperarse de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es infinitamente improbable. Y una vez más, esto es posible debido sólo a que cada ser humano es único, de tal manera que con cada nacimiento entre algo singularmente nuevo en el mundo".
                                    Hannah Arendt, La condición humana

lunes, 23 de diciembre de 2013

Tiempo de Navidad

El tiempo navideño es un tiempo de celebración, de descanso, de vacaciones, de reencuentro con familiares y... de recuerdos. Al volver a celebrar la navidad a través de los ojos de los niños, recordamos nuestras navidades. Al reencontrarnos con los familiares en los días señalados recordamos también a aquellos que no están con nosotros para compartirlas. 

Siendo la Navidad un tiempo de recuerdos, es conveniente distinguir entre hacer memoria y recordar, porque su confusión puede hacernos perder una razón para la alegría en este tiempo de celebración.

Hacer memoria es traer al presente la imagen muerta de un pasado que ya no es nada. Por esa razón, los sentimientos que lo acompañan son la melancolía, la añoranza y la tristeza, junto con la percepción de lo transitorio de la realidad. Recordar, sin embargo, es distinto: tiene algo de resurrección y renacimiento. Los sentimientos que lo acompañan son la sorpresa por el reencuentro y la alegría.  Recordar significa dejar que el presente sea fecundado por el pasado, por su presencia singular, sus insinuaciones, sus sugerencias, sus preguntas, sus retos,  para  así hacerlo nacer a un verdadero futuro, evitando la repetición perpetua de lo mismo. Lo que llamamos pasado guarda al porvenir en su seno, como el Dios Cronos guardaba en el vientre a sus hijos devorados para que no ocuparan su lugar. Pues bien, dejémosles renacer y re-cordemos, volviendo a pasar lo que fue por el corazón. Celebremos la Navidad recordando.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Invictus, poema de William Ernest Henley

En la noche que me envuelve
negra como un pozo insondable
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado,
jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante la amenaza de los años me halla
y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán recto haya sido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino.
Soy el capitán de mi alma.
(Traducción del doblaje al español de la pelicula Invictus (2009) dirigida por Clint Eastwood)


Texto original:
Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

martes, 17 de diciembre de 2013

Un secreto

¿Estás seguro de que quieres conocerlo? ¿No será demasiado pronto para ti? Mejor deja de leer este texto. No dirás que no te he advertido. 

Si aún lo sigues leyendo, te lo contaré. Al fin y al cabo no va a salir de aquí, pero guárdame el secreto.

Eso a lo que llamamos “vivir”, con sus afanes y preocupaciones, con sus anhelos, deseos, fracasos y éxitos, consiste simplemente en una cierta manera de morir, nada más. De eso se trata al final, después de tantos ruidos y distracciones en los que se ocupa nuestra vida.

Con razón te preguntarás: ¿acaso hay diferentes maneras de morir?, ¿no son todas lo mismo? En absoluto. Al menos hay dos. La fecunda y la estéril. La primera hace de tu vida y tu muerte una tierra fértil de la que puede nacer algo distinto de ti, en lo que, sin embargo, perduras. La segunda te encierra en tus límites, haciendo de ellos un terreno seco, incapaz de dar lugar a novedad alguna. Te da un nombre al precio de arrancarte el futuro.

Ahora he de hacerte una pregunta: ¿aceptarás la inmortalidad propia de los seres mortales, perdurando en las semillas que nacen de ti, siendo tú mismo un cierto renacer, un presente en el que renace un pasado rebosante de futuro, o huirás de ella y la negarás, aferrándote a la ilusión de un nombre que te salve del torbellino del devenir? ¿Serás como el viejo Cronos que devora a sus hijos porque no se reconoce en ellos, o como el niño que olvida, nace y comienza de nuevo?


No conozco tu respuesta. Mientras la voy descubriendo, por favor, guárdame el secreto porque, al final, se trata simplemente de eso.

viernes, 13 de diciembre de 2013

A qué se refiere la palabra “Dios”

Ahora que estamos estudiando a autores medievales, los alumnos de 2º de Bachillerato han escrito una disertación sobre el siguiente tema: ¿a qué se refiere -para ti- la palabra “Dios”?. La estructura de la disertación tiene tres partes. En la primera exponen directamente y sin argumentar su respuesta personal a la pregunta. En la segunda desarrollan argumentos que la justifiquen, añadiendo ejemplos y respuestas a posibles objeciones. En la tercera elaboran una conclusión breve en la que se muestra cómo los argumentos llevan a la conclusión.

Las respuestas a la pregunta han sido varias, pero pueden resumirse en dos: 1) la palabra “Dios” se refiere a un ser poderoso, creador, providente, preocupado por la suerte del ser humano, fuente de alegría, compañía y esperanza; 2) La palabra “Dios” se refiere a una invención del ser humano creada para encontrarle un sentido a la finitud, al dolor, a la muerte, una ficción a la que las personas se aferran para poder soportar el sufrimiento, utilizada también para dominar a otros seres humanos.

En este punto, una alumna dijo que para ella Dios no era semejante a un clavo ardiendo al que acudir ante los problemas de la vida. Más bien se trata de que uno se siente acompañado por algo o alguien a quien no se aferra, pero que da aliento y esperanza. Un alumno le contestó que "eso" es en realidad una parte de nosotros mismos que colocamos fuera de nosotros y luego desconocemos.

Esa discusión me dejó pensando. Ambas respuestas, aunque se oponen en un primer momento, comparten una experiencia común: la de vivir sintiéndose acompañado por algo o alguien que puede dar aliento y esperanza. Esa experiencia era compartida por más alumnos. La cuestión es quién es ese alguien. ¿Se trata de uno mismo, disfrazado de otro, o de otro en uno mismo?



*     *     *     *     *     *     *


Mientras sigo pensando en las relaciones entre lo Mismo y lo Otro, le pregunto también a mi amigo Manuel. Manuel, nihilista durante tantos años, y más o menos recuperado desde que descubrió la paternidad, me dice que no sabe a qué se refiere la palabra Dios, pero que debe ser a algo parecido a lo que él llama "el árbol de la vida". Sobre el árbol de la vida" me cuenta esto:
No conozco el árbol de la vida, pero lo imagino semejante a un árbol grande y frondoso, lleno de hojas y frutos, que se renueva sin fin. En el árbol de la vida nos movemos y vivimos: somos sus ramas y hojas. Si nos arrancan del árbol nos marchitamos y nos secamos, pero unidos a él damos frutos. Las ramas no son nada sin el árbol y el árbol no es nada sin sus ramas. Cada uno no puede ser quien es sin el otro y ambos a una son vida renovada y sin término. La vida del árbol es muy especial porque es capaz de hacer algo asombroso: convertirse en semilla. El árbol grande y sus ramas frondosas se hacen semilla que cae a la tierra y en ella se oculta. De esa semilla vuelve a brotar poco a poco el otro y mismo árbol inmenso y sus ramas verdes que, encontrándose, se saludan sonrientes. Así es de especial y admirable el árbol de la vida, su nacer muriendo y su morir naciendo. Por eso no hay que olvidar que la rama sola no es una rama. La rama es siempre rama del árbol que en el fruto y la semilla se renueva sin término.
Estas cosas me cuenta mi amigo Manuel. ¡Quien le ha visto y quién le ve!

domingo, 8 de diciembre de 2013

Mandela en la Memoria

Me impresionan las imágenes en la televisión de tantas  personas por las calles de Soweto, Pretoria y otras ciudades sudafricanas, bailando y cantando en homenaje a la vida de Madiba, Nelson Mandela. Son estas personas desconocidas, y no tanto las conocidas y sus previsibles mensajes de condolencia, las que nos descubren el verdadero sentido de su fallecimiento. La vida de Mandela ha llegado a su fin, pero no por eso se despeña en la nada, ni se aniquila cuanto hizo y fue. Al contrario, su fallecimiento no es el final de cuanto ha sido, sino el repliegue de una vida singular en el seno de la Memoria (popular, colectiva, Mnemosyne), desde la cual puede ser evocado, celebrado, recreado. Desde esa Memoria insiste el misterio de este hombre asombroso, conocedor del secreto del perdón, la generosidad y la reconciliación. Los hombres y mujeres que cantan en Soweto o Pretoria por el fallecimiento de Mandela son sabios: lloran su muerte celebrando su vida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Preocupaciones

La mayor parte del tiempo andamos preocupados por cosas que no van a pasar y, si pasan, descubrimos que no son como las habíamos imaginado.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La inmortalidad y Luis García Montero

LA INMORTALIDAD

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
y el viento abrió sus manos
y los hoteles
sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor en medio de la luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

Luis García Montero

martes, 5 de noviembre de 2013

Un ejercicio sobre Platón

Comentario de un texto de Platón:


“—Dirijámonos desde luego a esas cosas de que hablamos antes (…), la igualdad, la belleza, la bondad y todas las existencias esenciales, ¿experimentan a veces algún cambio, por pequeño que sea, o cada una de ellas, siendo pura y simple, subsiste siempre la misma en sí, sin experimentar nunca la menor alteración, ni la menor mudanza?
—Es necesariamente preciso que ellas subsistan siempre las mismas sin mudar jamás.
—Y todas las demás cosas, repuso Sócrates, hombres, caballos, trajes, muebles y tantas otras de la misma naturaleza, ¿quedan siempre las mismas, o son enteramente opuestas a las primeras, en cuanto no subsisten siempre en el mismo estado, ni con relación a sí mismas, ni con relación a los demás?
—No subsisten nunca las mismas, respondió Cebes.
—Ahora bien; estas cosas tú las puedes ver, tocar, percibir por cualquier sentido; mientras que las primeras, que son siempre las mismas, no pueden ser comprendidas sino por el pensamiento, porque son inmateriales y no se las ve jamás.
—Todo eso es verdad; dijo Cebes.
—¿Quieres, continuó Sócrates, que reconozcamos dos clases de cosas?
—Con mucho gusto, dijo Cebes.
—¿Las unas visibles y las otras inmateriales? ¿Estas, siempre las mismas; aquellas, en un continuo cambio?
—Me parece bien, dijo Cebes”.
Platón, Fedón.
En este texto el autor reflexiona sobre la realidad y sus tipos.
  1. Exponer las ideas fundamentales del texto y la relación que hay entre ellas.
En este texto de Platón encontramos las siguientes ideas.
1) Se afirma la existencia de esencias o ideas como el bien o la belleza, de naturaleza pura y simple, que no sufren cambio alguno y permanecen siempre iguales a sí mismas. “(...)la igualdad, la belleza, la bondad (...) ¿experimentan a veces algún cambio (…)? Es necesariamente preciso que ellas subsistan siempre las mismas sin mudar jamás”.
2) El resto de realidades que no comparten tal naturaleza, como hombres, caballos, o muebles, al contrario que aquellas, nunca permancen iguales a sí mismas, sino que no dejan de cambiar y de diferenciarse tanto de sí mismas como de las demás.” Y todas las demás cosas (…) ¿quedan siempre las mismas(...)? No subsisten nunca las mismas, respondió Cebes”.


3) Las cosas mudables y cambiantes son perceptibles por cualquiera de nuestros sentidos, mientras que las existencias ideales, inmutables e idénticas, no pueden serlo, sino que son captadas por nuestra capacidad de argumentar y razonar. “Ahora bien, estas cosas tú las puedes ver, tocar, percibir por cualquier sentido; mientras que las primeras, que son siempre las mismas, no pueden ser comprendidas sino por el pensamiento”.


4) Cabe distinguir dos tipos de realidades. Por una parte tenemos aquellas perceptibles por los sentidos y sometidas a cambios y movimientos. Por otra parte tenemos a aquellas que son imperceptibles, inmateriales y sólo comprensibles por el pensamiento.”¿Quieres, continuó Sócrates, que reconozcamos dos clases de cosas? (…) ¿Las unas visibles y las otras inmateriales? ¿Estas, siempre las mismas; aquellas, en un continuo cambio?”.

La relación que hay entre estas ideas es la siguiente. Las tres primeras ideas, que describen distintas realidades y sus propiedades, son premisas que llevan a afirmar una conclusión acerca de los tipos de realidad. Al advertir que hay realidades esenciales no sometidas al cambio y realidades sensibles en continuo movimiento (ideas 1,2 y 3) podemos concluir la existencia general de dos tipos de cosas, las visibles y las invisibles (idea 4).

miércoles, 23 de octubre de 2013

Dos citas contrapuestas sobre la verdad

La primera, de Campoamor:
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

La segunda, de Antonio Machado:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

La mayoría de mis alumnos suelen elegir la primera, pero cuando vienen a reclamar la nota de un examen, prefieren la segunda.


jueves, 17 de octubre de 2013

En qué consiste la ética (adaptado de un texto de Savater)

La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor. Sólo quien ha nacido para esclavo o quien cree que todo da igual se dedica a vivir de cualquier manera.

Quieres averiguar cómo vivir mejor y darte la buena vida: estupendo. Pero también quieres que esa buena vida no sea la buena vida de una coliflor o de un escarabajo, sino una buena vida humana. Es lo que te corresponde, y estoy seguro de que a ello no renunciarías por nada del mundo. Pues bien, ser humano consiste principalmente en tener relaciones con los otros seres humanos. Si pudieras tener muchísimo dinero, una casa suntuosa, las mejores ropas, los más exquisitos alimentos, etc., pero todo ello a costa de no volver a ver ni ser visto por ningún ser humano jamás, ¿estarías contento? ¿Cuánto tiempo podrías vivir así sin volverte loco? ¿No es la mayor locura querer las cosas a costa de la relación con las personas? Muy pocas cosas conservan su gracia en la soledad; y si la soledad es completa y definitiva, todas las cosas se amargan irremediablemente. La buena vida humana es buena vida entre seres humanos o de lo contrario puede que sea vida, pero no será ni buena ni humana.

Las cosas pueden ser bonitas y útiles, algunos animales resultan simpáticos, pero los hombres lo que queremos ser es humanos, no herramientas ni bichos. Y queremos también ser tratados como humanos, porque eso de la humanidad depende en buena medida de lo que unos hacemos con los otros. Hablar a alguien y escucharle es tratarle como a una persona, por lo menos empezar a darle un trato humano. Es sólo un primer paso. Hay otras formas de demostrar que nos reconocemos como humanos, es decir, estilos de respeto y de miramientos humanizadores que tenemos unos para con otros. Todos queremos que se nos trate así y, si no, protestamos. Lo más importante de todo esto me parece lo siguiente: que lo que nos convierte en humanos, en lo que queremos ser, es un proceso recíproco, como el propio lenguaje. Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mí todos son como cosas o bestias, yo no seré mejor que una cosa o una bestia tampoco. Por eso darse la buena vida no puede ser algo muy distinto a fin de cuentas de dar la buena vida. Piénsalo un poco, por favor.


                                               Adaptado de Ética para Amador, de Fernando Savater.

viernes, 4 de octubre de 2013

Dudar de lo indudable

En estos días hemos leído en clase un texto sobre el origen de la filosofía y su nacimiento a partir de la admiración y la duda. Admiración ante un mundo enigmático que, a pesar de su diversidad y sus cambios, muestra orden y unidad.  Duda entendida como un cuestionar aquello que todos damos por bueno o verdadero.

Esta definición de duda me sorprende: ¿cuestionar lo que todos damos por bueno o verdadero? Cuestionar lo incuestionado, lo que entre nosotros se presenta como evidente, claro por sí mismo, indiscutible y obvio. Me doy cuenta de que dudar de lo que es dudoso es una tarea muy sencilla, pero dudar de lo indudable, no. Basta hacer la prueba preguntándonos qué es hoy para nosotros lo incuestionable. Pregunto a mis alumnos si hay algo en este mundo absolutamente indudable  y, después de pensarlo, algunos me contestan: la muerte. En efecto, ¿quién duda entre nosotros de la muerte, de su poder sobre la existencia, de su evidencia irrebatible? ¿Acaso hay alguien capaz hoy de ponerla en cuestión, o al menos, de preguntarse por ella como niños que aún no la entienden?  Y cuando continuamos preguntándonos si habrá algo incuestionable en este mundo, aparece otra respuesta: el dinero. El dinero como Señor de nuestro mundo, como su principio y su fin, como aquello que juzga, perdona y condena, que da la vida y la quita, imponiendo sus condiciones al futuro sin contestación posible y arrojando a los infiernos a todo aquel que no las cumple. ¿Quién hay entre nosotros capaz de poner en cuestión al dinero, a su poder y a su futuro?

Y sin embargo, allí donde se duda de lo indudable, tiene su origen, entre otras figuras insólitas e inesperadas, la filosofía…

lunes, 23 de septiembre de 2013

Adivinanza de la polilla


En la estantería de una biblioteca hay tres libros de 100 páginas cada uno. En la página 1 del primer volumen hay una polilla que comienza a devorar sin pausa una página tras otra, de izquierda a derecha, hasta la página 100 del tercer volumen. Si no contamos las tapas ¿cuántas páginas se comerá?

martes, 17 de septiembre de 2013

Grupos en Facebook para alumnos J-M

Bienvenidos al nuevo curso. Si como alumno de bachillerato en nuestro centro estás interesado en realizar trabajos voluntarios para las asignaturas de Filosofía y Ciudadanía o Historia de la Filosofía, te invitamos a participar en los siguientes grupos cerrados de Facebook:




Allí nos encontramos. Un saludo.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Algunos libros de Foucault



Pequeña biblioteca con libros de Foucault en pdf en pijamasurf.com:


Historia de la locura en la época clásica.
Raymond Roussel.
Las palabras y las cosas.
El orden del discurso.
Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte.
Vigilar y castigar.
Historia de la sexualidad.
La verdad y las formas jurídicas.
 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Por qué me enamoré de la filosofía?

Ahora que se acerca el comienzo del curso y faltan pocos días para encontrarme de nuevo en el aula dando clases de filosofía, siento la necesidad de responder a una pregunta: ¿por qué me enamoré de la filosofía?

Comprender por qué se enamora uno es tarea difícil, si no imposible, porque enamorarse tiene mucho de encuentro imprevisto y de azar sin por qué. Un encuentro inesperado con alguien que nos asombra y nos saca de nosotros mismos hace nacer en nuestro interior el deseo de un nuevo encuentro que dé paso a otro, y a otro, en una repetición en la que no vemos el fin... En mi caso, me encontré con la filosofía durante la adolescencia y desde entonces no nos hemos separado. ¿Por qué?

Respondiendo en pocas palabras: me enamoré de la filosofía porque me sentí en compañía, encontré en ella respuestas a mis preguntas y gracias a ella me sentí una persona libre.

Me sentí en compañía. Al dejar atrás la infancia y entrar en la juventud, necesitaba responderme a preguntas que casi nadie me contestaba. Estas preguntas trataban sobre dos asuntos: el asombro ante el mundo y el escándalo ante la muerte. Desde niño me asombraba el mundo, las enormes distancias del Universo en el que vivimos, la energía desbordante de sus estrellas y, sobre todo, el hecho de que formábamos parte de esa inmensidad entraña y asombrosa. ¿Hasta dónde se extendería? ¿Tendría un fin? ¿Qué habría más allá?

Me contaban también que todo cuanto vemos está formado por pequeñas partículas que atraviesan el vacío combinándose unas con otras para dar lugar a las cosas y que algunos hombres, los científicos, las habían dividido una y otra vez buscando las partículas últimas, sin haberlo conseguido aún. ¿Tendría fin esa división o se abriría un abismo bajo nuestros pies? Muchos científicos planteaban estas cuestiones pero la mayoría se detenía tarde o temprano. Sin embargo, unos pocos daban un paso adelante y seguían preguntándose a pesar de todo, elaborando las más atrevidas teorías. No eran sólo científicos sino, según me dijeron, "filósofos", y de su mano descubrí la filosofía.

También me sucedió que al dejar la infancia y entrar en el mundo de los adultos, advertí que la mayoría de ellos, aunque apenas hablaran sobre el asunto, estaban convencidos de una interpretación de la vida que me provocaba una profunda e intensa insatisfacción. Ellos creían sin asomo de duda que la vida se reducía  a nacer, crecer, vivir y morir, sin más. Aquello me parecía un escándalo. ¿Cómo iba a ser eso vivir? ¿Nacer para morir y nada más? Cuando preguntaba a algún adulto si a eso se reducía todo, o bien me hablaba sin contestar o bien me pedía que lo olvidara. Pero yo no podía olvidarlo, ni conformarme. Afortunadamente, encontré algunas personas que aún no se habían conformado y de su mano descubrí a los filósofos y a su valentía para hablar de lo que la mayoría no se atreve a hablar.

Me enamoré de la filosofía porque junto a ella fui encontrando lentamente respuestas a mis preguntas. Eran respuestas abiertas, que no cerraban las cuestiones de las que nacían, te permitían seguir pensado con una orientación y un sentido, y me confirmaban que la vida no es sólo el sueño de una sombra, ni un cuento narrado por un idiota que nada significa, y que no sólo nacemos para morir, sino para... ¿para qué? Me dirás con razón ¿por qué no terminas la frase, por qué no respondes? Pues por que no debo. Una respuesta filosófica, cuando merece la pena, es inseparable del camino que te lleva hasta ella. Si no recorres el camino, nada significa para ti. Basta decirte que la hay. Confía y lánzate al camino. Tal vez sea ella la que te encuentre a ti, si te dejas.

Y me enamoré de la filosofía porque me hizo sentir libre. Sus respuestas no se imponían por la fuerza o el miedo, ni exigían obediencia a un líder o pertenencia sumisa a un grupo. Podían ser negadas, rebatidas, asimiladas, transformadas. Eran respuestas libres para personas libres con las que formar comunidad. Para ello bastaba con atreverse a leer, pensar, dialogar, escribir y convivir con ellas.

Por todas estas razones, y por más que no sé, me enamoré de la filosofía. Pensándolo bien, un amor así es de lo más razonable. ¿Cómo no enamorarse de quien te acompaña siempre, responde a tus preguntas y te hace sentir un hombre libre entre hombres libres?

Cualquiera se pierde un bombón así.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Volver a El Alto

Estoy pasando los meses de Julio y Agosto en Bolivia, entre la ciudad de La Paz y El Alto. Después de unas semanas de descanso y encuentro con los amigos, me pongo en contacto con el colegio Jesús-María de El Alto y surge la posibilidad de colaborar con ellos en tareas de apoyo a la lectura con niños de 7 y 8 años.

El trayecto desde donde me alojo en La Paz hasta el colegio de El Alto es largo y deja mucho tiempo para pensar. En uno de esos viajes pienso si esa pequeña tarea de apoyo a la lectura durante unas pocas semanas vale de algo ante tanta necesidad. Apenas una gota en el mar. ¿Para qué ese esfuerzo?

En ese instante recuerdo una historia conocida y mil veces escuchada que vuelvo a contar de memoria, con todo lo que la memoria tiene de invención. La historia dice así:

Un hombre camina por la playa, observando cómo las olas dejan en la arena pequeñas estrellas de mar que poco a poco van secándose al sol. A lo lejos distingue la figura de otro hombre que, en su paseo, toma con sus manos las estrellas con las que se encuentra, lanzándolas de nuevo al mar. Cuando se cruza con él no puede evitar preguntarle. ¿Por qué hace usted eso? ¿No se da cuenta de que por una estrella de mar que devuelve al océano, éste lanza a la orilla muchas más? No va a poder salvarlas a todas. Lo que hace no tiene sentido.

El hombre le mira y, sonriendo, le responde: tal vez no puedo salvarlas a todas y lo que hago no tiene ningún sentido, pero para ésta que tengo en mis manos tiene todo el sentido del mundo ¿verdad?

Y el hombre lanza la estrella de mar de vuelta al océano.

Bien, no sé si lo que hago tiene sentido o no,  ni si este subir y bajar de la ciudad de La Paz a El Alto cambia la situación con la que me encuentro, pero durante el tiempo que pasamos juntos, los alumnos, los profesores y yo aprendemos algo, aunque sea poco, más allá de que tenga luego una continuidad o no la tenga. Además, yo ya no sé si soy como el hombre que lanza la estrella de mar de vuelta al océano,  como el hombre que lo observa y le pregunta, o más bien como la estrella de mar en la arena, secándose bajo los rayos del sol, a quien unas manos desconocidas levantan en volandas para lanzarla de nuevo a la vida, una vez más. No lo sé, pero presiento que puedo descubrirlo si vuelvo de nuevo al largo camino que une La Paz y El Alto

Lo haré. Mañana volveré a EL Alto.

lunes, 5 de agosto de 2013

Madre nuestra que estás en la Tierra

Escribo estas líneas desde Bolivia. Aquí, con la llegada del mes de Agosto, se celebra a la Pachamama con multitud de rituales. Para acercarnos a ella, nada mejor que este texto de Galeano:
Madre nuestra que estás en la tierra
Eduardo Galeano- Los Hijos de los días.

En los pueblos de los andes, la madre tierra, la Pachamama, celebra hoy su fiesta grande.
Bailan y cantan sus hijos, en esta jornada inacabable, y van convidando a la tierra un bocado de cada uno de los manjares de maíz y un sorbito de cada uno de los tragos fuertes que les mojan la alegría.
Y al final, le piden perdón por tanto daño, tierra saqueada, tierra envenenada, y le suplican que no los castigue con terremotos, heladas, sequías, inundaciones y otras furias.
Ésta es la fe más antigua de las Américas.
Así saludan a la madre, en Chiapas, los mayas tojolabales:
Vos nos das frijoles,
que bien sabrosos son
con chile, con tortilla.
Maíz nos das, y buen café.
Madre querida,
cuidanos bien, bien.
Y que jamás se nos ocurra
venderte a vos.
Ella no habita el Cielo. Vive en las profundidades del mundo, y allí nos espera: la tierra que nos da de comer es la tierra que nos comerá.

En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo.
Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama,
si alguien bebe sin convidarla.
Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama.
A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores,
para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.
La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos,
que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje.
Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen.

lunes, 29 de julio de 2013

Una definición de filosofía

¿Una definición de filosofía? La filosofía es la entrega calculada al delirio de pensar.

martes, 23 de julio de 2013

Comienzo y final

Nuestra vida no comienza con su inicio ni termina con su final. En la medida en que uno mismo es continuación de aquellos de los que nace, de sus progenitores y antecesores, el comienzo de nuestra vida es un retomar el legado de esas vidas pasadas en lo que ellas tienen de posibilidad, futuro y porvenir, siendo nuestra vida precisamente su posibilidad de futuro y porvenir. En la medida en que uno mismo perdura en aquello que nace de sí, en sus obras, sus sucesores, sus descendientes, el final de nuestra vida es un confiado entregarse a su continuidad desconocida. Por estas razones nuestra vida no comienza con su inicio ni termina con su final. Inicio y final son, más bien, dos aspectos inseparables de su renovación.

jueves, 18 de julio de 2013

Uno mismo

Uno mismo es continuación de aquello de lo que nace, de sus antecesores. A su vez, uno mismo continúa en aquello que nace de sí. Lo cual nos plantea, entre otros, el problema del inicio y del fin.


martes, 18 de junio de 2013

Orientaciones prácticas para una discusión filosófica

Las siguientes orientaciones pueden facilitar el desarrollo de una discusión filosófica en un aula, un centro cultural o un café filosófico (adaptadas de La filosofía en el aula y Enseñar filosofía hoy (de Lipman y VV. AA respectivamente) ) .

1. Ayudar a quien tiene dificultades de expresión utilizando frases como las siguientes:
  • Parece que estás diciendo...
  • Corrígeme si me equivoco, pero ¿no es esto lo que quieres decir?
  • ¿Ayudaría si expreso lo que dijiste de este modo...?
2. Animar al participante a que explique su punto de vista indagando en su sentido con frases como:
  • ¿Qué puntos de los que has mencionado consideras más importantes?¿Por qué?
  •  ¿Podrías hacernos un resumen breve de lo que estás expresando?
  • Esto es lo que parece más relevante que has dicho, ¿estoy en lo cierto?
3. Ayudar a inferir lo que se está sugiriendo y sus posibles consecuencias:
  •  De lo que estás diciendo parece seguirse lógicamente que...
  • ¿Estás sugiriendo que ...?
  • ¿Estarías en desacuerdo con la siguiente interpretación de lo que dijiste?
4. Buscar la coherencia de las intervenciones cuando se pierde, bien porque a una palabra se le están atribuyendo significados distintos en un mismo contexto o porque lo ahora expuesto no se sigue de lo dicho antes:
  •  Poco antes, cuando usaste la palabra "..." ¿no la usaste en un sentido diferente del que usas ahora?
  • Para aclarar este punto, ¿no sería coherente añadir que ...?
5. Pedir una definición cuando los términos utilizados provocan más confusión que claridad:
  • ¿Podrías definir la palabra "..." que acabas de usar?
  • Si una cosa es un "...", ¿cuáles son sus características principales?
  • ¿Qué entiendes por "..."?
6. Conseguir que el participante detecte los presupuestos de sus afirmaciones y razonamientos:
  • ¿No estás dando por supuesto que ...?
  • ¿Lo que acabas de decir está basado en la creencia de que ...?
7. Mostrar las falacias que se cometen en el desarrollo de la discusión:
8. Pedir razones:
  • ¿Cuáles son las razones en que te basas para decir eso?
  • ¿Podrías apoyar tu afirmación con un argumento?
  • ¿Por qué dices eso?
9. Solicitar al participante que explique el proceso de conocimiento que ha seguido para hacer sus afirmaciones:
  • Y eso que afirmas ¿cómo lo has llegado a saber?
  • ¿Has pensado siempre así? ¿Cómo has llegado a una afirmación como ésta?
10. Alentar el descubrimiento y análisis de alternativas a los puntos de vista expuestos:
  • ¿De qué otro modo puede verse este asunto?
  • ¿Es posible que haya otras explicaciones además de la tuya?
  •  ¿Aceptarías que fueran posibles otras creencias sobre el mismo tema?
  • Supón que alguien quisiera contradecir tu punto de vista, ¿qué podría afirmar?

lunes, 10 de junio de 2013

Ir a alguna parte

"Verás, te voy a contar una cosa: yo cada mañana salgo a estirar las piernas antes de desayunar, no por nada, sino para hacer un poco de ejercicio; pues bien, al principio, al salir de casa les decía a mis nietos: ¿queréis venir a dar un paseíto con el abuelo? Y ellos siempre me contestaban: No, abuelo. Hasta que un día se me ocurrió decirles: Voy al estanco a por tabaco, ¿alguien me quiere acompañar? Y ellos dijeron en seguida que sí, porque sabían que íbamos a alguna parte, y estaban seguros de que al llegar al estanco me camelarían para que les comprara alguna chuchería. Desde entonces, cuando quiero compañía, me invento un recado, y nunca falla. ¿Sabes por qué? Pues porque está en la naturaleza humana el que cualquier cosa, hasta la más agradable, haya de hacerse con una finalidad. Sí, querida, siguió diciendo, el ser humano necesita un objetivo para hacer las cosas; hasta para seguir viviendo necesitamos un objetivo. El mío, ya lo ves, son estos demonios: verles crecer, hacerles felices mientras pueda, velar por su formación y, cuando el Señor me llame, dejar asegurado su bienestar material. Con esta filosofía vivo en armonía conmigo mismo, y me río del paso de los años".


                                                             Una comedia ligera, Eduardo Mendoza.

martes, 21 de mayo de 2013

Una ilusión

"La dura experiencia de nuestra propia crisis no nos ha de hacer perder de vista la raíz de la crisis global. Es una ilusión pensar que estamos saliendo de la crisis, si no se regula la actual dinámica financiera, desvinculada de las necesidades de los pueblos y del bien común de la comunidad humana, si no se acaba con los paraísos fiscales, elemento consustancial de la especulación financiera que domina la economía mundial, si no se establece una política de impuestos a las finanzas internacionales para una retribución más justa de la riqueza, si no se lucha eficazmente contra la impunidad y la opacidad de las especulaciones…".

                                                                                       José Antonio Pagola.

lunes, 29 de abril de 2013

Hablar y callar


A veces las personas sólo hablan para escucharse a sí mismas
y callan para alejarse de los demás.


Otras veces, sin embargo, las personas hablan para escuchar al otro
y callan para estar en su compañía
sin condiciones ni propósitos.

miércoles, 24 de abril de 2013

Una pregunta sobre Educación

Me plantearon esta pregunta hace ya tiempo y aún me la planteo:

¿Educamos para la vida o amaestramos para el mercado?

miércoles, 10 de abril de 2013

Dos clases de economistas

José Luis Sampedro
Cuenta José Luis Sampedro, con sencillez y cercanía,  que hay dos clases de economistas. La primera clase está formada por aquellos que trabajan para que los ricos sean más ricos. La segunda clase está formada por aquellos que trabajan para que los pobres sean menos pobres. Él, desde luego, pertenece a la segunda.

Para comenzar a conocer la obra de José Luis Sampedro recomendamos dos lecturas: la novela "La sonrisa etrusca" y el ensayo "El mercado y la globalización".

miércoles, 3 de abril de 2013

Relación entre filosofía, ciencia, arte y religión

Una hipótesis: la filosofía, la ciencia, el arte, la religión, nacen de una experiencia común a la que responden de manera diferente. La experiencia común es la del encuentro con una alteridad irreductible que desborda expectativas, cuestiona conocimientos, pone en suspenso lo evidente y abre nuevos horizontes. En respuesta a esa experiencia la ciencia elabora conceptos, la filosofía construye ideas, la religión celebra ritos y el arte crea formas sensibles. Estas respuestas, siendo distintas las unas de las otras, no son necesariamente excluyentes. Hay formas sensibles en la celebración religiosa, ideas en el arte, conceptos en la filosofía, rituales en la ciencia, pero cada una de las respuestas acentúa aquello que le es propio.

lunes, 18 de marzo de 2013

El verdadero anhelo del ser humano

¿En qué consiste el verdadero anhelo del ser humano? ¿En el prestigio, el poder, la riqueza? En realidad  prestigio, poder y riqueza son sustitutos que pretenden ocupar su lugar cuando el ser humano, por debilidad, miedo o ambas cosas, es incapaz de lograrlo. Lo que solemos llamar "realidad" es el resultado de la renuncia a ese anhelo. Pero él insiste. Escuchemos en qué consiste verdaderamente:

"El hombre se realiza como tal, alcanza su finalidad, su telos en la medida misma en que se autotrasciende. Su amor al devenir -que es en rigor autotrascendencia- lleva al hombre verdadero a preparar y querer su propio ocaso, condición de la creación.  Para poder crear, es decir, para producir un ser que trasciende la propia individualidad, para dar vida a un ser diferenciado de Uno Mismo (y eso es crear, engendrar), es preciso diferenciarse de sí mismo, desbordar el propio límite alcanzado , saltar "por encima de la propia cabeza", condición todo ello de poíesis en sentido genérico. Todo lo cual comporta riesgo: riesgo de "dispersarse y perderse", riesgo de perecer y de morir. Pero puede afirmarse que en ese movimiento de autotrascendencia alcanza su realización, su verdadera fruición, eros, el verdadero anhelo humano. Anhelo que no tiene por finalidad la unión con la Belleza sino la generación o el parto en ella, como ya supo ver Platón en su extraordinaria concepción del amor".

                                                                      Eugenio Trías. Filosofía del futuro.

lunes, 11 de marzo de 2013

¿Quién es uno mismo?

Este Manuel no deja de sorprenderme. Cuando menos lo espero, en medio de la conversación más banal o la circunstancia más cotidiana, siempre a contrapié y desprevenido, va y me suelta una barbaridad que me deja temblando y sin saber qué decir ni responder. El otro día, hablando de la adolescencia y su búsqueda de la propia identidad cuando se quiebra la de la infancia y los adultos no son ya modelo de nada, me suelta una andanada de las suyas:

-Mira, no hay razón para tanta búsqueda, ni tanto no sé quién soy ni tanta gaita. Uno es aquello que aún tienen de vivo los muertos y se acabó. Si te gusta, bien, y si no, da igual.

-Pero Manuel, no te entiendo. Además ¿cómo le digo yo eso a un chaval en clase? Los muertos están muertos y los vivos, pues vivos...

-¿Me vas a decir de verdad, así sin más, que los vivos están vivos? ¿Pero te has fijado en la cara de la gente en el metro por la mañana? ¿Y en la tuya? Hay muertos más vivos que algunos de ésos, así que nada, nada, no me vengas con historias.

-Oye amigo, que tú no te libras.

-Ya lo sé, pero por lo menos no confundo a los unos con los otros. ¿Que los muertos se nos han ido? Digamos que sí. Pero han dejado algo de sí mismos capaz de sentir, pensar, desear, esperar, buscar, disfrutar, imaginar, respirar, vivir. Y eso eres tú.




lunes, 18 de febrero de 2013

Llegar a ser alguien

Nazareth
Mi amigo Manuel está preocupado porque una persona muy querida sueña constantemente con "llegar a ser alguien" y como no lo consigue, lo pasa muy mal. Manuel sabe que esta persona es religiosa y se le ha ocurrido escribir una historia inspirada, sólo inspirada, en un cierto Jesús de Nazareth del que ella le ha contado muchas historias. El relato dice así:

Érase una vez, hace mucho tiempo, un modesto carpintero llamado Jesús que vivía en el pueblo de Nazareth. Nazareth era una pobre y pequeña aldea olvidada en un extremo lejano del Imperio Romano, tan insignificante como lo eran sus habitantes. Jesús no destacaba entre ellos por su riqueza, por ser un gran carpintero o por su papel en la comunidad. Él sentía que allí, perdido en aquel rincón olvidado del mundo, no era nadie. Pero quería ser alguien, así que pensó cómo lograrlo y eligió estudiar para ser rabí, maestro. Si quería ser alguien como aquellos hombres sabios debería aprender a leer y a escribir, debería estudiar lenguas y los textos sagrados, y así lo hizo. Se dedico a ello con tesón y esfuerzo, ocupando en la tarea todo su tiempo. Los niños de Nazareth con los que antes jugaba querían acercarse a él, pero él, pasados unos minutos, los dejaba para volver a sus estudios y llegar a ser alguien. Una vez, cuando caminaba apresurado hacia Jerusalén para conseguir un libro en la sinagoga, se encontró con un hombre herido en el camino y abandonado a su suerte. Llevado por la prisa, curó su herida pero le dejó allí, avisando a las gentes del siguiente pueblo para que fueran a socorrerle. En otra ocasión, regresando a su casa con muchos pergaminos para estudiar, se cruzó con una prostituta a la que unos hombres iban a lapidar. Sin dejar de correr, pues no podía distraerse, gritó a los hombres que la rodeaban: ¿acaso estáis vosotros libres de culpa? Pero iba alejándose de ellos, de modo que ninguno llegó a escuchar todas sus palabras.

Tras muchos años de duro esfuerzo e intenso trabajo aprendió a leer y a escribir en muchas lenguas, dominó los secretos de los textos sagrados y comenzó a ser reconocido por todos como un hombre sabio. Al llegar a la vejez, la fama de su nombre se había extendido por todo el país y desde muy lejos llegaban personas que lo buscaban para aprender. Por fin sentía que era alguien. Un día, cuando era ya muy anciano, enfermó y sus fuerzas le abandonaron. No sentía pesar ante la cercanía de la muerte porque había conseguido ser alguien. Cuando aquella noche notó que sus últimas fuerzas desaparecían y sus párpados se cerraban, escuchó una voz.

-Jesús, Jesús... -dijo la voz-, te has pasado la vida buscando llegar a ser alguien y por fin lo has conseguido, pero siempre fuiste alguien desde que mi amor te nombró. Siempre has sido mi hijo bienamado, mi sueño hecho carne, el signo de mi alegría, clara y luminosa, presente entre los hombres. Siempre fuiste mis ojos y mis manos en este mundo, puestas en él para compartir y curar, para sanar y abrazar. ¿No me escuchabas en las voces de los niños, en el lamento del abandonado, en el temor de la perseguida? ¿Por qué no reconociste en su rostro mi rostro y en su presencia la mía? ¿Por qué creíste que no eras nadie? Pero ya no importa. Ha llegado el momento de descansar. Cierra los ojos tranquilo, mi hijo querido, mi sueño de amor.

Y Jesús cerró sus ojos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Una cuestión de hecho

Hace unos días discutíamos en unas clases sobre David Hume ejemplos diversos de posibles cuestiones de hecho, definiendo una cuestión de hecho como aquella que se puede verificar acudiendo a la experiencia. Fue discutida la llegada del hombre a la luna, la guerra de Troya o el nacimiento de Jesús, pero sobre todo lo que más sorpresa provocó fue el ejemplo de tu muerte futura. ¿Es una cuestión de hecho? Varios alumnos responderon enseguida que sí, porque es un hecho que las personas mueren. Pero enseguida nos dábamos cuenta de que la pregunta se refería no a la muerte de los otros, sino a la muerte propia que se nos promete como futura cuando recibimos nuestro nombre. De ella ¿hay experiencia?

Y una perplejidad más que añadir a esa reflexión. En el instante mismo de tu muerte futura ¿estás o no estás?

Para los interesados: algunas consecuencias que se siguen de estas preguntas se desarrollan en textos de García Calvo como por ejemplo estos dos sobre el nacer y el morir. O en aquellos de Deleuze sobre las dos lecturas del tiempo, como Aión y como Cronos, en su libro "Lógica del sentido". Y en otros muchos en los que verdaderamente se encarna aquello de "atreverse a pensar".

domingo, 20 de enero de 2013

¿Para qué sirve la filosofía?

La filosofía sirve para poner freno a la estupidez. La estupidez consiste en creer verdaderas las mentiras que en una sociedad se inventan para justificar sus desigualdades, sus luchas por el dominio, sus sacrificios inútiles, sus servidumbres disfrazadas, sus injusticias y su cobardía ante las posibilidades de lo real. Allí donde se descubre la mentira de la verdad, allí se filosofa y la estupidez retrocede, pudiéndose durante un instante frágil y eterno, sentir, pensar y crear de nuevo.

viernes, 18 de enero de 2013

El mayor archivo de audios y vídeos de animales

La Biblioteca Macauly es un inmenso archivo científico de audios y vídeos de animales que está ya accesible en Internet con más de 150.000 registros.

Mamíferos, insectos, reptiles e incluso peces, están grabados y clasificados en fichas en las que, además de aprender sobre ellos, podemos verlos y escucharlos. Ésta es su dirección:


domingo, 13 de enero de 2013

Delincuencia, violencia, desigualdad

El otro día salí de una clase de bachillerato bastante preocupado. Habíamos discutido sobre el problema de la delincuencia en nuestra sociedad. La respuesta mayoritaria de los alumnos que intervenían era la del endurecimiento del sistema penal. Ante el robo, el asesinato, la corrupción, la respuesta ha de ser aumentar el tiempo de condena y aplicar con más rigor las penas, llegando incluso a legalizar la pena de muerte. Sólo unas pocas personas dijeron, por ejemplo, que las personas cambian y que hay que dar una segunda oportunidad, siendo rápidamente contestadas con un rotundo “las personas nunca cambian”. Cualquier respuesta discutida se refería sólo al individuo, sin considerar ni su historia personal ni su realidad social. Nadie comentó, por ejemplo, que una sociedad con menos desigualdades es una sociedad menos violenta y con menos delincuencia. Pero así es. Por tanto, debemos añadir esa consideración. Un texto de Susan George tomado de su libro “Sus crisis, nuestras soluciones” lo plantea con brevedad y claridad:

“La cadena es muy simple si pensamos en ella desde esta perspectiva: las desigualdades suponen jerarquías rígidas; las jerarquías conllevan distinciones sociales y exclusión que refuerzan el estatus bajo y provocan una humillación constante, estresante, a grandes sectores de la población. Por consiguiente, las sociedades jerárquicas (y los lugares de trabajo), donde impera la desigualdad, tendrán peores consecuencias para la salud y causarán más violencia que las sociedades más igualitarias y menos jerárquicas”.

A continuación, la autora examina diversos estudios que muestran la correlación entre desigualdad social, enfermedad, violencia, delincuencia, e incluso falta de creatividad. ¿Una conclusión?

"Una sociedad igualitaria quizás parezca más cara de mantener, pero es una ganga si pensamos en las alternativas: la enfermedad, el crimen, la mala salud, el estrés y todos los demás impactos suponen costes enormes, también de carácter financiero".

martes, 8 de enero de 2013

El Ángel de la Historia

Angelus Novus de Paul Klee
"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso".

Walter Benjamin. Tesis sobre la filosofía de la historia, Tesis IX

sábado, 5 de enero de 2013

Por qué no se aburren los otros animales y nosotros sí

Los animales no se aburren porque, aunque recuerdan y esperan, carecen de la noción de tiempo como intervalo vacío entre un principio y un fin. Nosotros, en la medida en que sabemos de nuestro principio y nuestro fin desde cierta edad, percibimos el vacío del intervalo al cual solemos llamar “vida” e intentamos llenarlo (¿qué podría suceder si se pone en cuestión ese saber del principio y del fin?). Pero leamos mejor a García Calvo:

“El que no haya tenido tan siquiera la gracia de quedarse pensativo (y bien le disculparía si envidioso al mismo tiempo) contemplando las andanzas de un gato, calmosas, sigilosas, desapasionadas, de un cuarto al otro de la casa, y otra vez del otro al uno, subiendo las escaleras de uno al otro piso para volver a bajarlas tranquilamente, como señales evidentes de no estar buscando nada ni de ir a ningún sitio, o bien mirando a un asno plantado, delante de la cuadra, sobre sus cuatro patas, mirando indiferente ponerse el sol, durante una hora, dos horas de las nuestras, sin más movimiento que, lo más, una leve oscilación del rabo o un lento rebuzno cada media hora, difícilmente podrá entender qué es de lo que aquí tratamos.

Pero, si se ha parado a pensar en eso, y lo ha comparado con la incapacidad casi absoluta de la mayoría de los mortales para estarse ni tres segundos seguidos sin tener que ir a buscar algo o dedicarse a alguna gestión con la que entretenerse, o si no la encuentran, al fin caer dormidos, puede que esté en camino de entender algo del misterio por la vía más derecha.

Pues, si bien es cierto que de lo que pasa en los animales no podemos, positivamente, saber nada, y lo que pase por detrás de esos ojos le está vedado a cualquier pensamiento que no sea demasiado deshonesto ni tiránico, ello no impide que podamos discernir lo que no les pasa. Pues las señas del aburrimiento entre nosotros no pueden ser más visibles y estrepitosas: esa agitación vana y desmandada, ese apagamiento de los ojos, ese tamborilear de los dedos cansinos y de vez en cuando ese arquearse de los labios sin ganas de bostezar siquiera (síntomas que, si se prolongan, y engrandecen, pueden dar en decisiones de abrir otro parking subterráneo, de meterse con los esquíes en el auto o de presentarse a Diputado por Tarragona, por hacer algo) esa murria o desasosiego son señales evidentes de una impaciencia de que pasen los minutos, son evidencia de que todo el tiempo les está sobrando y no saben cómo quitárselo de encima.

Pues bien, de todos esos síntomas, en los otros animales, nada. Y ¿cómo entenderemos esa ausencia? ¿Es que carecen ellos de algún órgano superior de sensación, que en nosotros funciona tan oficiosamente, y que por eso no se dan cuenta de lo que pasa? Sí, evidentemente: les falta el órgano de la sensación o sentimiento del vació: no saben sentir el vacío, que a nosotros nos es al mismo tiempo tan sensible y tan intolerable.

Eso nos dice bastante de lo que no es y de lo que debe ser el Tiempo: no, ciertamente, nada como “lo que pasa”, “la vida”, “el flujo de las sensaciones”, sino más bien un intervalo entre hitos de una continuidad istituída, un hiato (chaós, bostezo) entre un número y el siguiente en la esfera o pantallita del reloj, entre la salida de la oficina y la entrada en la oficina, entre el arranque del autobús y la parada del autobús, entre la muerte prometida y lo que falta desde aquí para llegar a ella. Ese vacío entre sucesos significativos y computados es lo que era el Tiempo, del que nada saben los otros animales.

Ni me importa tampoco mucho averiguar hasta qué punto a los perros y demás se les puede transmitir o contaminar la facultad de sentir el vacío y de aburrirse. En todo caso, sólo los que saben su muerte son capaces de sentir ese vacío”.

(García Calvo, Contra el Tiempo).