domingo, 2 de marzo de 2014

Una nota sobre el tiempo y la eternidad

Leyendo un texto de otro autor, encuentro la siguiente cita del Maestro Eckhart sobre el tiempo y la eternidad:
El tiempo es lo que muda y se multiplica. La eternidad se atiene a su simplicidad.
El tiempo es el devenir, las cosas naciendo, muriendo y renaciendo en aquello que dejan de sí, en su descendencia y fecundidad. La realidad se muda y multiplica, es tiempo. Pero en la cita del Maestro Eckhart, la eternidad, atenida a su simplicidad, ¿aparece separada del tiempo? ¿No guarda este mismo autor el secreto de la complicidad entre ambos?

¿De un lado el tiempo, del otro la eternidad?.

Entonces recuerdo la aventura nietzscheana. ¿Y si la realidad posee un modo de perdurar propio, una eternidad propia no ajena al tiempo, ni opuesta a él? ¿Y si los seres mortales poseen ya una inmortalidad propia? ¿Cuál es la genealogía de la que proviene esa separación entre tiempo y eternidad? ¿Es una necesidad irrevocable? ¿Y si...?

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