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Dos tipos de cosas

"En el tercer capítulo de Diferencia y repetición , al hilo de un fragmento de la República de Platón, Deleuze distingue dos tipos de cosas: las que dejan al pensamiento tranquilo y las que fuerzan a pensar. Las primeras son el objeto de un reconocimiento, el reconocimiento que apacigua la momentánea inquietud ante lo que a primera vista o en la distancia tal vez pareciera desconocido, extraño -la tranquilidad adviene, por ejemplo, cuando Sócrates reconoce a quien se acerca y profiere: “Buenos días, Teeteto”-. Las segundas, sin embargo, no se dejan reconocer, pues no encajan en el molde de lo que se sabe o se cree saber. Y lejos de inducir sosiego alguno, violentan al pensamiento y lo ponen en marcha al confrontarlo con algo ignoto que, por ser tal, desquicia el proceder habitual de nuestras facultades. Ya no se trata del objeto de un reconocimiento, de una maniobra calculada y prevista, sino de lo que Deleuze llama un encuentro. Este nombre, “encuentro”, encierra una multiplic...

¿Deseamos realmente ser felices?

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La respuesta a esta pregunta no es tan clara como podríamos pensar. Basta considerar muchas de las elecciones que tomamos en nuestra vida. ¿Realmente buscan la felicidad? ¿Tiene razón Aristóteles cuando nos dice que es ella nuestro fin último? La discusión es compleja. Nietzsche ya dejó escrito en algún lugar que el ser humano no busca ser feliz, sino crear . En esa misma dirección se mueve la siguiente reflexión del filósofo Slavoj Zizek: 

Enfadarse correctamente

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Aristóteles, Ética a Nicómaco.

El movimiento de las estrellas (o cómo descubrir las esferas de Aristóteles)

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Mientras repaso un tema de Aristóteles para Bachillerato me encuentro de nuevo con una de sus ideas sobre el Universo. Para él, el Universo está formado por un conjunto de esferas. La exterior alberga a las estrellas fijas y, dentro de ella, otras esferas móviles arrastran en su giro al resto de estrellas que podemos observar a nuestro alrededor. En su punto central se encuentra inmovil la Tierra, nuestro hogar. Alguien muy ingenuo y con poco espíritu crítico puede considerar infantil e injustificada esta visión del Cosmos. Sin embargo basta recordar que nuestra comprensión de la Naturaleza ha estado limitada durante siglos por los datos de nuestros sentidos, sin las ampliaciones y los desarrollos que la tecnología actual nos ofrece para conocer el mundo a escalas insospechadas. Por esa razón te proponemos lo siguiente. Para descubrir las esferas de Aristóteles olvídate de microscopios y telescopios, abre los ojos y sólo con ellos observa el movimiento nocturno de las estrellas.  ...

Miradas

Escribe Tzvetan Todorov en "La vida en común": "El niño busca captar la mirada de su madre no solamente para que ésta acuda a alimentarle o a reconfortarle, sino porque esa mirada en sí misma le aporta un complemento indispensable: le confirma en su existencia. (...) Como si supieran la importancia de ese momento -aunque no es así- el padre o la madre y el hijo pueden mirarse durante largo rato a los ojos; esa acción sería completamente excepcional en la edad adulta, cuando una mirada mutua de más de diez segundos no puede significar más que dos cosas: que las dos personas van a batirse o a hacer el amor". Se trata de la convivencia: duelo a muerte y dúo de amor en una sola mirada.

Un comentario escolar sobre un texto de Nietzsche

“ El mayor acontecimiento reciente -que “Dios ha muerto”- (…) empieza desde ahora a extender su sombra sobre Europa. Al menos, a unos pocos (…), les parece efectivamente que acaba de ponerse un sol, que una antigua y arraigada confianza ha sido puesta en duda. Nuestro viejo mundo debe parecerles cada día más crepuscular, más dudoso, más extraño, "más viejo" (…) Estas consecuencias inmediatas no son para nosotros (…) de ninguna manera tristes, opacas ni sombrías; son más bien como una especie de luz, una felicidad, un alivio(…). Efectivamente, los filósofos, los "espíritus libres", con la noticia de que el "viejo Dios ha muerto" nos sentimos como alcanzados por los rayos de una nueva mañana (…). Ahí está el horizonte despejado de nuevo, aunque no sea aún lo suficientemente claro; ahí están nuestros barcos dispuestos a zarpar, rumbo a todos los peligros; ahí está toda nueva audacia que le está permitida a quien busca el conocimiento; y ahí está el mar, nues...

Las palabras

"Algunas palabras eran duras como piedras y otras se deshacían como la espuma al contacto con la lengua. De otro lado, enseguida advertí también que una palabra podía arreglarte el dia o estropeártelo porque había palabras que curaban y palabras que mataban, palabras que te hacían reír o que te hacían llorar, palabras que te adormecían o que te provocaban insomnio. Descubrí con asombro que las palabras dirigían la vida de los hombres, ya que, lejos de conquistarlas, según creíamos, eran ellas las que nos colonizaban. En gran medida, estamos hechos, o deshechos, de palabras". Juan José Millas.