La imbecilidad a la que aquí nos referimos no tiene que ver con saber pocas cosas o con esa ignorancia que se desconoce a sí misma a la que llamamos sabiduría, sino con la incapacidad para dar una forma adecuada a nuestra vida en la medida en que está en nuestras manos, de manera que, buscando una buena vida, obtenemos lo contrario. Savater en "Ética para Amador" nos ofrece los siguientes tipos de imbecilidad: "a) El que cree que no quiera nada, el que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque. b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez. c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace está dictado por la opinión mayorit...